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viernes
- Antes no sabía que aunque no me despertara contigo, tú siempre estabas ahí. Pensé... que nuestras aventuras se habían acabado... Que ya no te levantarías nunca más a las cinco de la mañana a por chocolate o helado, que no volverías a bailar en bragas delante de mi... pensé que ya habías dejado de quemar tus absurdas tostadas. Creía que solo nos quedaba el amor, y que con eso era suficiente.
Pero ayer me acosté tarde otra vez, a tu lado... y seguías ahí. Y recordé que antes de ayer también lo habías estado, y desde que nos conocimos. Desde la segunda vez que te vi.. porque en la primera estaba intentado todavía desentrañar por qué te quería.
He recorrido un largo camino para encontrarte, y perderte y buscarte y encontrarte otra vez. Me he tropezado con Él y con tu estúpido gato. Y te he echado tanto de menos... tantísimo, Kath...A veces creía que no te volvería a ver... Pero cuando dormía...tú... tú siempre estabas, comenzando de nuevo conmigo. Así que... Buenos días, Kath. Buenos días de aquí a para siempre. Ayer me acosté tarde mirándote.. Buenos días, Kath, princesa. He perdido el miedo.
Te quiero.
sábado
Yo esperaba que lloviera tu nombre, Kath.
La primera vez que vi a Kath no tendría más de 12 años. Por entonces, en el pequeño mundo que componía mi vida, Kath no era más que una sombra proyectada por otro Sol, venida de un universo lejano y distante.
La chica de los ojos verdes se fue tan rápido como vino, arañándome el alma y el corazón sin apenas tocarlos, entrando sin llamar de golpe y de frente, prevista por nadie, creada al azar.
Recuerdo que viví con la esperanza de verla otra vez durante meses, y que todo aquello dio paso a la angustia, y más tarde a la agonía; y de mayor a la sed y la hambruna del misterio de su piel sin nombre.
Yo no era más que una cría, pero creo que sin saber que era, logré enamorarme de ella.
Tan curiosa me pareció su risa, que todo el tiempo que ocupa el olvido trató mi recuerdo de olvidarla, para que, fuera como fuese, casualidad o no, apareciese de nuevo en aquel maldito parque, de nuevo sin llamar en mi vida, sin avisar pero siendo prevista por aquel dios caprichoso que desde la primera vez me la tenía jurada.
Y cada encuentro que imagino no es ni la mitad de maravilloso que el nuestro. Y a veces me repito, sin pausa ni descanso, que sería de mí sin el Destino y sin ella.
¿Sabes? Desde el primer instante que te vi supe que eras tonta- Kath río- pero que harías falta en mi vida. Ya sé que es algo que siempre se dice, pero yo tenía ganas, Ellyn, y tú sonreíste, aceptaste ese reto impuesto. Hablamos con silencio y así pactastes conmigo.
Pero a mí me pasó otra cosa, Kath. Desde el primer instante que te vi esperé con ansias que lloviera tu nombre.
La chica de los ojos verdes se fue tan rápido como vino, arañándome el alma y el corazón sin apenas tocarlos, entrando sin llamar de golpe y de frente, prevista por nadie, creada al azar.
Recuerdo que viví con la esperanza de verla otra vez durante meses, y que todo aquello dio paso a la angustia, y más tarde a la agonía; y de mayor a la sed y la hambruna del misterio de su piel sin nombre.
Yo no era más que una cría, pero creo que sin saber que era, logré enamorarme de ella.
Tan curiosa me pareció su risa, que todo el tiempo que ocupa el olvido trató mi recuerdo de olvidarla, para que, fuera como fuese, casualidad o no, apareciese de nuevo en aquel maldito parque, de nuevo sin llamar en mi vida, sin avisar pero siendo prevista por aquel dios caprichoso que desde la primera vez me la tenía jurada.
Y cada encuentro que imagino no es ni la mitad de maravilloso que el nuestro. Y a veces me repito, sin pausa ni descanso, que sería de mí sin el Destino y sin ella.
¿Sabes? Desde el primer instante que te vi supe que eras tonta- Kath río- pero que harías falta en mi vida. Ya sé que es algo que siempre se dice, pero yo tenía ganas, Ellyn, y tú sonreíste, aceptaste ese reto impuesto. Hablamos con silencio y así pactastes conmigo.
Pero a mí me pasó otra cosa, Kath. Desde el primer instante que te vi esperé con ansias que lloviera tu nombre.
martes
Los matices de Kath (II)
Reí con Kath y ella hizo lo mismo conmigo.
Había veces en las que Kath explotaba de amor y creaba ondas expansivas a su alrededor. Entonces era cuando en sus ojos se podía leer la necesidad y la lujuria mejor que nunca.
En cierto modo yo siempre he creído que el interior de Kath es un enorme planeta que explota y se expande hasta crearse a sí mismo y que esto afecta a las acciones de la carcasa con forma de mujer que lleva por fuera, como si realmente hubiera un interruptor en su interior que solo se accionara con cierta palabras y algunas caricias, y quizás mil besos. Cuando explotaba yo corría para aprovechar la oportunidad de hacerla mía. Y entonces Kath madura en medio segundo escaso, para darte y quitarte el placer a mordiscos, de esos que te hacen necesitar cada átomo del cuerpo de la otra persona hasta hacerla tuya y tener la certeza de que si debe morir en algún lado, tendrá que ser en tus brazos.
Sus besos con los que siempre me han vuelto realmente loca. Esos que te vacían y llenan de necesidad y amor a un mismo tiempo, que sabes que te dejarán incompleta si se marchan y por eso los retienes contigo.
Aun así todavía no logro explicar todo con lo que Kath es capaz de llenarme. Aunque en realidad no importa, porque cuando me levanto cada mañana ya no tengo que preocuparme por buscar la mitad que le falta a toda persona y que hace preguntarte quién eres. Es saber que ella estará cuando despierte.
- Estás loca, princesa. Pero como te viene de fábrica, te lo perdono.-añado en tono condescendiente y entre risas, mientras ella, la chica de los ojos verdes, me saca la lengua y me ofrece su mejor mueca.
Amar a Kath es como querer a una bomba de relojería que marcha dos minutos exactos, el tiempo que siempre he creído que hace falta para que su personalidad de chica extraña te golpee. A veces es el torbellino chillón de sus colores el que te asusta y te hace salir corriendo; pero otras, y eso justo lo que me pasó a mí, te arrastra hasta el límite de la cordura y entonces Kath te besa. Y ya está, es ahí cuando algo en tu corazón se activa: ya sabes que estás perdidamente enamorada de ella.
A partir de ese momento solo encuentras una sucesión de días infinitos en los que tu vista se aclara poco a poco para ofrecerte una interminable gama de colores. Si eres buena, si lo comprendes como yo lo he hecho y como Kath lo hizo, estos colores te envuelven y se convierten en una parte de tu vida que llegas a necesitar para respirar. Y simplemente seguir, es entonces mucho más fácil.
Había veces en las que Kath explotaba de amor y creaba ondas expansivas a su alrededor. Entonces era cuando en sus ojos se podía leer la necesidad y la lujuria mejor que nunca.
En cierto modo yo siempre he creído que el interior de Kath es un enorme planeta que explota y se expande hasta crearse a sí mismo y que esto afecta a las acciones de la carcasa con forma de mujer que lleva por fuera, como si realmente hubiera un interruptor en su interior que solo se accionara con cierta palabras y algunas caricias, y quizás mil besos. Cuando explotaba yo corría para aprovechar la oportunidad de hacerla mía. Y entonces Kath madura en medio segundo escaso, para darte y quitarte el placer a mordiscos, de esos que te hacen necesitar cada átomo del cuerpo de la otra persona hasta hacerla tuya y tener la certeza de que si debe morir en algún lado, tendrá que ser en tus brazos.
Sus besos con los que siempre me han vuelto realmente loca. Esos que te vacían y llenan de necesidad y amor a un mismo tiempo, que sabes que te dejarán incompleta si se marchan y por eso los retienes contigo.
Aun así todavía no logro explicar todo con lo que Kath es capaz de llenarme. Aunque en realidad no importa, porque cuando me levanto cada mañana ya no tengo que preocuparme por buscar la mitad que le falta a toda persona y que hace preguntarte quién eres. Es saber que ella estará cuando despierte.
- Estás loca, princesa. Pero como te viene de fábrica, te lo perdono.-añado en tono condescendiente y entre risas, mientras ella, la chica de los ojos verdes, me saca la lengua y me ofrece su mejor mueca.
Amar a Kath es como querer a una bomba de relojería que marcha dos minutos exactos, el tiempo que siempre he creído que hace falta para que su personalidad de chica extraña te golpee. A veces es el torbellino chillón de sus colores el que te asusta y te hace salir corriendo; pero otras, y eso justo lo que me pasó a mí, te arrastra hasta el límite de la cordura y entonces Kath te besa. Y ya está, es ahí cuando algo en tu corazón se activa: ya sabes que estás perdidamente enamorada de ella.
A partir de ese momento solo encuentras una sucesión de días infinitos en los que tu vista se aclara poco a poco para ofrecerte una interminable gama de colores. Si eres buena, si lo comprendes como yo lo he hecho y como Kath lo hizo, estos colores te envuelven y se convierten en una parte de tu vida que llegas a necesitar para respirar. Y simplemente seguir, es entonces mucho más fácil.
domingo
Los matices de Kath (I)
- No me pongas a prueba, Kath, porque soy capaz de comerte. No me retes, ni susurres, ni siquiera me hables más bajo de lo normal. No arrastres las palabras. Nada de cosas bonitas, mordiscos o arañazos. No gimas y menos aun se te ocurra hacerme gemir. Aléjate cuanto sea posible de mi piel y mi cuerpo.
Kath me miró a los ojos y se hizo la fuerte aunque no lo sentía. Sé que le hice mucho daño al soltarle aquello, pero no puedo arrepentirme; no me arrepentía.
La vi volverse y comenzar a alejarse hacia el fondo de la estación. Y mira que hace nada estábamos abrazadas, hablando sobre ir a comer tortitas al Dadá o acabar en casa.
Corrí hacia ella y la abracé con fuerza por detrás, casi casi enfadada.
- ¿Qué pasa? ¿No te das cuenta? Me vas a matar como hagas eso y me tenga que reprimir.
- ¿Reprimirte?- la vi extrañada, pero sé, por alguna locura llamada experiencia, que aun no me había perdonado del todo. ¡Y es que lo dije tan segura de mí misma! Sé que debí morderme la lengua. ¿Pero me imagináis peor que ahora? ¿Más loca de amor de lo que estoy ya? ¿Con el deseo subiéndome en las venas, impulsado por este loco corazón que late al vaivén que Kath me marca?
- ¡Claro tonta! Me pongo a gemir delante de la gente ¿verdad?
He ahí la sonrisa pícara de Kath.
- No suena tan mal.
- Anda que... ¿Qué voy a hacer contigo?
- ¿Te lo enseño?
Kath me miró a los ojos y se hizo la fuerte aunque no lo sentía. Sé que le hice mucho daño al soltarle aquello, pero no puedo arrepentirme; no me arrepentía.
La vi volverse y comenzar a alejarse hacia el fondo de la estación. Y mira que hace nada estábamos abrazadas, hablando sobre ir a comer tortitas al Dadá o acabar en casa.
Corrí hacia ella y la abracé con fuerza por detrás, casi casi enfadada.
- ¿Qué pasa? ¿No te das cuenta? Me vas a matar como hagas eso y me tenga que reprimir.
- ¿Reprimirte?- la vi extrañada, pero sé, por alguna locura llamada experiencia, que aun no me había perdonado del todo. ¡Y es que lo dije tan segura de mí misma! Sé que debí morderme la lengua. ¿Pero me imagináis peor que ahora? ¿Más loca de amor de lo que estoy ya? ¿Con el deseo subiéndome en las venas, impulsado por este loco corazón que late al vaivén que Kath me marca?
- ¡Claro tonta! Me pongo a gemir delante de la gente ¿verdad?
He ahí la sonrisa pícara de Kath.
- No suena tan mal.
- Anda que... ¿Qué voy a hacer contigo?
- ¿Te lo enseño?
A Ellyn le gusta Shakespeare, el negro, el chocolate a la taza, escribir. Adora hacerse invisible dentro de alguna sudadera enorme y el olor a libros. También los zapatos. Y los cuentos de hadas.
Suele abrazar a las palabras con fuerza, pidiéndole en casi un susurro inexistente de lo bajito que es que no se marchen, que ella las necesita.
A Ellyn le gustan las nuevas princesas. Las de la nueva era, digo, esas con converses en vez de tacones y picardía en lugar de bondad.
Cocina con música, se ducha con música, camina con música. A veces.
Uno de sus sueños es tener un loft en Londres. ¡Londres! ¿Qué se le habrá perdido a esta chica allí?
Ama la magia de Venecia, la magia que existe, y la que no. Pero...
- ¿Qué haces, Kath?
Ellyn se tira encima mía cuan larga es, intentando cotillear en mi libreta. No, que va, ella nunca haría eso... ¿verdad?
- Te pongo verde- contesto. ¡PUM! Cierro la libreta.
- Como si eso fuera posible- el Capitán maulla, molesto- Tranquilo, bola de pelo, todavía respira.- ambos se fulminan con la mirada.- ¡Ellyn! No le hagas rabiar.
Ríe y se tira hacia un lado de la cama, frunciendo el ceño cuando me ve acariciar al gato negro.
- Lo mimas demasiado.
- Más te mimo a ti- le saco la lengua.- Sí, pero es que yo te lo pago- replica. Adoro su media sonrisa.
- Pervertida.
El Capitán Garfio se dedica a lamerme las mejillas y Ellyn sale disparada hacia la cocina. ¿Qué tramará? Miro al Capitán, que parece que se encoge de hombros.
De un silbido, Ellyn llama al gato y éste va. ¿Pero cuándo aprenderá ésta chica? ¡Mi Capitán NO ES UN PERRO! Pero nada, siempre que lo digo, ambos pasan de mí.
Sigo escribiendo.
...sobre todo y ante todo...
Desde la cocina, Ellyn se ríe y yo ya sé que de algo se ha vengado, que yo reconocería su risa malévola en cualquier lugar.
- ¡Ellyn!
- Helado para el lindo gatito- me dice sonriendo cuando me ve llegar. Sonrío, aunque las neuronas de nuestro gato hayan sido noqueadas por un kilo de helado de fresa.
- Te voy a matar. ¡El helado no es para los gatos! Y menos en invierno- casi grito, enfurruñada.
- Pero míralo, Kath... Mira lo feliz que parece el pobre.-ríe. El Capitán Garfio, tumbado en el suelo con el hocico manchado, sonríe también.
- Además, ¿y las ventajas que nos da esto?
Ellyn me mira; yo la miro a ella y... ¡echo a correr!
- ¡Pervertida!
Pero ya me ha cogido de la cintura y me ha arrastrado a la cama, se ha puesto encima mía y me mira.
- Pero si sabes que te encanta, Kath- susurra. Y me besa.
… Ellyn es Grande.
miércoles
- Oye, Ellyn...
- Qué.
- ¿Crees que nos escuchan?
- ¿Quienes? ¿Los árboles? ¿Sí, no? Eres tú la que sabe de esas cosas.
- No lo sé...
- ¿Te pasa algo, Kath...?
- ¿Y si somos insignificantes, Ellyn? ¿Qué pasaría si no contamos para nada ni nadie? ¿Sucederá algo si nos perdemos y no volvemos? ¿Alguien nos ve, eh, Ellyn? No sé si estamos aquí para algo, no sé adónde tenemos que ir. ¿Qué pasará si se supone que debemos quedarnos paradas y no lo hacemos y nos equivocamos?
- ¿Qué pasará?-río- Nada, Kath, cielo, no pasará nada. Solo tendremos que hacernos más grandes ¿sabes? Por eso de que nos vean. A partir de ahí seguro seguro que no importa hacía dónde vayamos.
- Qué.
- ¿Crees que nos escuchan?
- ¿Quienes? ¿Los árboles? ¿Sí, no? Eres tú la que sabe de esas cosas.
- No lo sé...
- ¿Te pasa algo, Kath...?
- ¿Y si somos insignificantes, Ellyn? ¿Qué pasaría si no contamos para nada ni nadie? ¿Sucederá algo si nos perdemos y no volvemos? ¿Alguien nos ve, eh, Ellyn? No sé si estamos aquí para algo, no sé adónde tenemos que ir. ¿Qué pasará si se supone que debemos quedarnos paradas y no lo hacemos y nos equivocamos?
- ¿Qué pasará?-río- Nada, Kath, cielo, no pasará nada. Solo tendremos que hacernos más grandes ¿sabes? Por eso de que nos vean. A partir de ahí seguro seguro que no importa hacía dónde vayamos.
martes
Los astros distantes de Kath y Ellyn
- ¿Sabes, Ellyn?- Kath se acurrucó más junto a mí y pude notar como temblaba de frío-Creo que esto es justamente lo que somos.
- ¿Un termo con chocolate y dos mantas?
- ¡No, tonta!- Pero Kath se ha reído y eso es lo único que me importa, volver a oir el sonido de su risa- Pienso que nosotras somos este momento. Que si alguien viniera aquí y se plantara en esta gran montaña a ver las estrellas no disfrutaría ni la mitad que nosotras. Porque esto es nuestro ¿lo entiendes? Tú y yo. Solo eso. Que nosotras somos diferentes, Ellyn, que ya no se trata solamente de amor.
- ¿Entonces de qué, princesa?
Kath se gira para mirarme y repasa el tacto de mis labios con un dedo. Y por primera vez la veo con los pies en el suelo y no me da miedo. Porque cuando Kath baja de donde quiera que esté, su sonrisa, esa que me hace levantarme cada mañana, ya no está y yo la necesito.
- De que pase lo que pase, Ellyn, no vamos a poder abandonarnos. Porque más que amor, siempre habrá estrellas que nos recuerden que algún día fuimos mucho más, el por qué de que estamos juntas ahora.
- Te has vuelto filósofa, Kath- río.
Pero sé a que se refiere. Ella dice que siempre habrá algo que nos una. Como dos astros distantes, quién sabe.
- ¿Un termo con chocolate y dos mantas?
- ¡No, tonta!- Pero Kath se ha reído y eso es lo único que me importa, volver a oir el sonido de su risa- Pienso que nosotras somos este momento. Que si alguien viniera aquí y se plantara en esta gran montaña a ver las estrellas no disfrutaría ni la mitad que nosotras. Porque esto es nuestro ¿lo entiendes? Tú y yo. Solo eso. Que nosotras somos diferentes, Ellyn, que ya no se trata solamente de amor.
- ¿Entonces de qué, princesa?
Kath se gira para mirarme y repasa el tacto de mis labios con un dedo. Y por primera vez la veo con los pies en el suelo y no me da miedo. Porque cuando Kath baja de donde quiera que esté, su sonrisa, esa que me hace levantarme cada mañana, ya no está y yo la necesito.
- De que pase lo que pase, Ellyn, no vamos a poder abandonarnos. Porque más que amor, siempre habrá estrellas que nos recuerden que algún día fuimos mucho más, el por qué de que estamos juntas ahora.
- Te has vuelto filósofa, Kath- río.
Pero sé a que se refiere. Ella dice que siempre habrá algo que nos una. Como dos astros distantes, quién sabe.
sábado
Bonito sueño, Kath
Me paré para acariciar cada rincón de su cuerpo mientras dormía. Repasé sus labios con un dedo, sus mejillas con el dorso de la mano, su cara con la mirada. Retenerla conmigo todo el tiempo que hiciera falta. Porque Kath era esa felicidad que me llenaba el corazón. Era la única que quería sentir.
- Mmm...- gimió.
Y mientras se movía en sueños, yo seguí el controno de su cuerpo desnudo en la oscuridad. Reprimí el deseo de abrazarla y hacerle ver que era el error que cometería una y mil veces. Quería susurrarle a aquella pequeña loca que la amaba y que su voz era lo único que me alegraba el día. Kath se había convertido en la droga que necesitaba mi sonrisa para existir.
- Hola, princesa- susurré muy muy bajito cuando distinguí el verde de sus ojos.
- Hola.
La habitación pareció iluminarse entonces, y yo correspondí a su sonrisa con otra de esas que le volvian loca.
Se acurrucó junto a mí y estaba tan cerca que tuve la certeza de que las mejillas de Kath estaban ahora rojas. Sentía cada curva de su cuerpo junto al mío.
- ¿Qué has soñado?- pregunté distraía, procurando empaparme de todos los colores que mi princesa desprendía.
- Mmm...- Kath puso su cara pensativa y yo sonreí- He soñado contigo. Con las dos, Ellyn. He soñado que comíamos helado, que saltabamos tan alto como queriamos, que tocabamos las nubes y le hacíamos burlas a las estrellas.
La abracé con más fuerza y sentí como Kath cogía aire como ella solo sabía hacer; como hacía cuando quería contarme las maravillas de un mundo que solo había visto a medias.
- Disfrutábamos de ello, Ellyn. Fuera se paraba el tiempo y dejaba de existir un ellos. Había una gran montañana, el sonido de un corazón explotando de felicidad, tostadas quemadas y muchas muchas risas.
- Bonito sueño, princesa.
Kath levantó la cabeza y me miró casi enfada.
- No es un sueño.
- ¿Entonces que es?
Otra vez esa cara de niña pensativa.
- Lo que sea que queramos. Solo tenemos que creer, como hacía Peter Pan con Campanilla.
- ¡Qué cosas tienes, Kath!
- Pero... Mmm... Antes de imaginarnos todo eso bésame.
- ¿Qué te bese?- esa idea empezaba a gustarme más-
- ¡Claro, tonta! Para activar cada sentido que haya en mi cuerpo y verlo todo muuucho mejor.
- Que mal se te da pone escusas, Kath.
Y le estampé un beso.
- Mmm...- gimió.
Y mientras se movía en sueños, yo seguí el controno de su cuerpo desnudo en la oscuridad. Reprimí el deseo de abrazarla y hacerle ver que era el error que cometería una y mil veces. Quería susurrarle a aquella pequeña loca que la amaba y que su voz era lo único que me alegraba el día. Kath se había convertido en la droga que necesitaba mi sonrisa para existir.
- Hola, princesa- susurré muy muy bajito cuando distinguí el verde de sus ojos.
- Hola.
La habitación pareció iluminarse entonces, y yo correspondí a su sonrisa con otra de esas que le volvian loca.
Se acurrucó junto a mí y estaba tan cerca que tuve la certeza de que las mejillas de Kath estaban ahora rojas. Sentía cada curva de su cuerpo junto al mío.
- ¿Qué has soñado?- pregunté distraía, procurando empaparme de todos los colores que mi princesa desprendía.
- Mmm...- Kath puso su cara pensativa y yo sonreí- He soñado contigo. Con las dos, Ellyn. He soñado que comíamos helado, que saltabamos tan alto como queriamos, que tocabamos las nubes y le hacíamos burlas a las estrellas.
La abracé con más fuerza y sentí como Kath cogía aire como ella solo sabía hacer; como hacía cuando quería contarme las maravillas de un mundo que solo había visto a medias.
- Disfrutábamos de ello, Ellyn. Fuera se paraba el tiempo y dejaba de existir un ellos. Había una gran montañana, el sonido de un corazón explotando de felicidad, tostadas quemadas y muchas muchas risas.
- Bonito sueño, princesa.
Kath levantó la cabeza y me miró casi enfada.
- No es un sueño.
- ¿Entonces que es?
Otra vez esa cara de niña pensativa.
- Lo que sea que queramos. Solo tenemos que creer, como hacía Peter Pan con Campanilla.
- ¡Qué cosas tienes, Kath!
- Pero... Mmm... Antes de imaginarnos todo eso bésame.
- ¿Qué te bese?- esa idea empezaba a gustarme más-
- ¡Claro, tonta! Para activar cada sentido que haya en mi cuerpo y verlo todo muuucho mejor.
- Que mal se te da pone escusas, Kath.
Y le estampé un beso.
jueves
Abrázame fuerte, Ellyn.
Hoy Kath está triste. Lo ha notado el café de todas las mañanas, la ducha fría e incluso su ropa interior negra.
Kath pasa del salón a la cocina y me intenta sonreir. Y yo me muerdo el labio inferior y me acerco a ella, abrazándola con fuerza.
Porque Kath, mi princesa, no puede estar triste. Si no el mundo se vería mas gris y las estrellas seguro que brillarian menos ¿no?
- Ellyn, estoy bien.
- No, no lo estás.
Kath intenta parecer indiferente, pero no lo consigue. Y se acurruca más entre mis brazos y susurra.
- No me vas a soltar ¿verdad?
- Claro que no, tonta.
- Entonces abrázame más fuerte, Ellyn. Hasta que se oiga el clac de mis huesos y mi corazón explote de felicidad.
Kath está triste ¿sabes? Por eso hoy la he arrastrado al cementerio y estamos frente a la lápida del Capitán.
- Querido Capitán Garfio... Te echamos de menos...- dice Kath.
La miro, y para mi sorpresa la veo sonriendo. Por eso la abrazo, con mucha mucha fuerza. Para que no se pueda soltar jamás y esté así siempre, conmigo. Me niego a creer que un día se pueda ir de mi lado.
- Hasta que tu corazón explote de felicidad ¿no, Kath?
Kath pasa del salón a la cocina y me intenta sonreir. Y yo me muerdo el labio inferior y me acerco a ella, abrazándola con fuerza.
Porque Kath, mi princesa, no puede estar triste. Si no el mundo se vería mas gris y las estrellas seguro que brillarian menos ¿no?
- Ellyn, estoy bien.
- No, no lo estás.
Kath intenta parecer indiferente, pero no lo consigue. Y se acurruca más entre mis brazos y susurra.
- No me vas a soltar ¿verdad?
- Claro que no, tonta.
- Entonces abrázame más fuerte, Ellyn. Hasta que se oiga el clac de mis huesos y mi corazón explote de felicidad.
Kath está triste ¿sabes? Por eso hoy la he arrastrado al cementerio y estamos frente a la lápida del Capitán.
- Querido Capitán Garfio... Te echamos de menos...- dice Kath.
La miro, y para mi sorpresa la veo sonriendo. Por eso la abrazo, con mucha mucha fuerza. Para que no se pueda soltar jamás y esté así siempre, conmigo. Me niego a creer que un día se pueda ir de mi lado.
- Hasta que tu corazón explote de felicidad ¿no, Kath?
sábado
¿Qué ves en mis ojos, Ellyn?
- Venga, Ellyn, quiéreme un poquito más, que se que te gusta- volvió a susurrar.
La miré de reojo y deslicé la mirada por su cuerpo desnudo, apenas cubierto por las sábanas blancas de la cama de matrimonio.
Estaba tumbada de costado, con las manos bajo la mejilla y el pelo enmarañado hacia atrás, dejándo al descubierto su cuello y su cara.
Acaricié su mejilla con el dorso de la mano y cerró los ojos. Yo, simplemente, me mordí el labio inferior.
Kath, ¿no te atreverás a romperte y desaparecer, verdad? pensé, comparándola una vez más con ese cristal transparente y bonito que tienen algunas cosas.
- Mmm...- gimió (aunque diga lo contrario) cuando mi dedo se deslizó con una efímera caricia por su cuello.
- No gimas, princesa.
Abrió los ojos y me fulminó con la mirada. Se dio la vuelta y yo solté una carcajada, escurriéndome entre las sábanas y acariciandole la espalda.
- Princesa- susurré en su oido. Sentí como se estremecía de placer cuando mi aliento tocó su oreja- que yo te quiero a todas horas- aseguré.
Ella se dio la vuelta y quedamos tan cerca la una de la otra que Kath susurró:
- ¿De verdad?
- De verdad de la buena.
- ¿Y entonces por qué no me llevas al parque?- se quejó.
Sonreí.
- ¿Pues por qué crees que va a ser, tonta? Para poder hacer esto.
Acerqué mis labios a su cuello y lo recorrí con dulzura. Oí a Kath suspirar y acercarse tanto a mí que nuestros cuerpos volvieron a encajar.
Me miró a los ojos y yo me pregunté que pasaría en ese instante por esa cabezacita suya.
- ¿Qué ves en mis ojos?- preguntó derrepente.
- ¿Qué veo? Veo ganas de conquistar estrellas, de comer helado, de columpiarte bien alto. Veo deseos de correr aventuras, de explotar mi cuerpo. Veo colores. ¿Pero sabes lo que mejor veo?- Kath negó- Te veo a ti, princesa, a tí, aquí, conmigo. Te veo entre mis brazos y como fuera se para el tiempo. Veo que cuando tú sonríes, todo está bien.
Kath me abrazó y yo correspondí. Y no sé cuánto tiempo pasamos calladas, disfrutando la una de la otra, cuando volvió a susurrar con ese tono que me vuelve loca:
- Bésame- me miró- dame el mejor beso que tengan tus labios. Bésame. Para que pueda consquitar estrellas, comer helados, columpiarme bien alto. Bésame. Para que me aten tus labios y no pueda separarme de tí.
Y la besé, claro.
La miré de reojo y deslicé la mirada por su cuerpo desnudo, apenas cubierto por las sábanas blancas de la cama de matrimonio.
Estaba tumbada de costado, con las manos bajo la mejilla y el pelo enmarañado hacia atrás, dejándo al descubierto su cuello y su cara.
Acaricié su mejilla con el dorso de la mano y cerró los ojos. Yo, simplemente, me mordí el labio inferior.
Kath, ¿no te atreverás a romperte y desaparecer, verdad?
- Mmm...- gimió (aunque diga lo contrario) cuando mi dedo se deslizó con una efímera caricia por su cuello.
- No gimas, princesa.
Abrió los ojos y me fulminó con la mirada. Se dio la vuelta y yo solté una carcajada, escurriéndome entre las sábanas y acariciandole la espalda.
- Princesa- susurré en su oido. Sentí como se estremecía de placer cuando mi aliento tocó su oreja- que yo te quiero a todas horas- aseguré.
Ella se dio la vuelta y quedamos tan cerca la una de la otra que Kath susurró:
- ¿De verdad?
- De verdad de la buena.
- ¿Y entonces por qué no me llevas al parque?- se quejó.
Sonreí.
- ¿Pues por qué crees que va a ser, tonta? Para poder hacer esto.
Acerqué mis labios a su cuello y lo recorrí con dulzura. Oí a Kath suspirar y acercarse tanto a mí que nuestros cuerpos volvieron a encajar.
Me miró a los ojos y yo me pregunté que pasaría en ese instante por esa cabezacita suya.
- ¿Qué ves en mis ojos?- preguntó derrepente.
- ¿Qué veo? Veo ganas de conquistar estrellas, de comer helado, de columpiarte bien alto. Veo deseos de correr aventuras, de explotar mi cuerpo. Veo colores. ¿Pero sabes lo que mejor veo?- Kath negó- Te veo a ti, princesa, a tí, aquí, conmigo. Te veo entre mis brazos y como fuera se para el tiempo. Veo que cuando tú sonríes, todo está bien.
Kath me abrazó y yo correspondí. Y no sé cuánto tiempo pasamos calladas, disfrutando la una de la otra, cuando volvió a susurrar con ese tono que me vuelve loca:
- Bésame- me miró- dame el mejor beso que tengan tus labios. Bésame. Para que pueda consquitar estrellas, comer helados, columpiarme bien alto. Bésame. Para que me aten tus labios y no pueda separarme de tí.
Y la besé, claro.
viernes
¿Será Kath diferente?
Hoy quiero que sea un día diferente, por eso estoy aquí. Porque me gustó su sonrisa y como esta pasó a mis labios.
Miro el reloj otra vez.
- ¿Me estás esperando?- pregunta una voz.
Ahí está, con esa sonrisa que tanto me gusta.
- ¿Por qué lo dices? Pasaba por aquí a ver si veía algún chicho guapo.- sonrío.
Se acerca a mí y yo vuelvo a mirar su bufanda de colores.
Y miro al cielo, que esta vez sí es azul. Los árboles, siempre grises, son ahora de troncos marrones y hojas verdes. Y las personas... Esas siguen siendo grises. La única que parece tener color, es ella.
- Mientes- me guiña un ojo y yo muerdo mi labio. Levanta la cabeza hacia el cielo y cierra los ojos, dejando que los rayos del sol le den en la cara.- Pero yo también te he estado esperando.
- Quería saber tu nombre.
Ella abre los ojos y me mira durante el minuto más largo de toda mi vida.
- Kath, me llamo Kath.
Sonrio y ella hace lo mismo.
- Tienes nombre de princesa, Kath.
- ¿Tú crees?
- No.- río.
La veo enfurruñarse y sacarme la lengua. Asi que me giroé y le hago una de esas reverencias que me salen tan bien.
- Encantada de conocerte, Kath, soy Ellyn.
Se queda pensativa y yo la miro de reojo.
- ¿Ellyn? Tienes nombre de vaca.
¿Nombre de vaca?
- Muuu.
Ríe y yo pienso que me gusta oir su risa.
Y entonces me pregunto si Kath será única.
Miro el reloj otra vez.
- ¿Me estás esperando?- pregunta una voz.
Ahí está, con esa sonrisa que tanto me gusta.
- ¿Por qué lo dices? Pasaba por aquí a ver si veía algún chicho guapo.- sonrío.
Se acerca a mí y yo vuelvo a mirar su bufanda de colores.
Y miro al cielo, que esta vez sí es azul. Los árboles, siempre grises, son ahora de troncos marrones y hojas verdes. Y las personas... Esas siguen siendo grises. La única que parece tener color, es ella.
- Mientes- me guiña un ojo y yo muerdo mi labio. Levanta la cabeza hacia el cielo y cierra los ojos, dejando que los rayos del sol le den en la cara.- Pero yo también te he estado esperando.
- Quería saber tu nombre.
Ella abre los ojos y me mira durante el minuto más largo de toda mi vida.
- Kath, me llamo Kath.
Sonrio y ella hace lo mismo.
- Tienes nombre de princesa, Kath.
- ¿Tú crees?
- No.- río.
La veo enfurruñarse y sacarme la lengua. Asi que me giroé y le hago una de esas reverencias que me salen tan bien.
- Encantada de conocerte, Kath, soy Ellyn.
Se queda pensativa y yo la miro de reojo.
- ¿Ellyn? Tienes nombre de vaca.
¿Nombre de vaca?
- Muuu.
Ríe y yo pienso que me gusta oir su risa.
Y entonces me pregunto si Kath será única.
domingo
Ellyn pide un secreto.
No me canso de mirarla.
Le devuelvo la sonrisa cuando me invita a ir con ella. Yo con ella iría al fin del mundo, pero le estoy guardando el helado.
Sonrío. Hoy el aire huele bien y además el sol me da en la cara. El parque está vacío y Kath se comlumpía. Y ríe.
- ¡Ellyn, ven!- grita.
Pero no voy y entonces recuerdo lo que ella siempre dice, que soy una exploradora.
La veo correr hacia aquí con su bufanda de colores. Que mona.
-¿Has tocado las estrellas?- pregunto mientras la tiendo el helado, lamiendo un poco antes.
- ¡Que va! Están ocupadas diriguiendo la noche.
Río. Esa es mi Kath, mi encantadora de sonrisas. Todavía me pregunto por qué alguien que se emociona con el vuelo de una mariposa me gustan tanto.
- ¿Y hacia dónde va la noche, Kath?
Se queda pensativa con ese gesto que tanto me gusta, mirando hacia otro lado.
Mi sonrisa se ensancha. Y tengo la extraña certeza de que sería capaz de capturar polvo de estrellas para hacerla feliz.
Vereis, Kath es todo eso que sobra. Porque si hoy es un día gris, ella será tu color. Si tu lloras, ella será tu sonrisa. Si te quedas sin caramelos, ten por seguro que es ella quien se los está comiendo.
Os parecerá extraño, pero me gusta verla dar vueltas sobre sí misma. Me gusta su sonrisa infantil y sus ganas de vivir, como se ilusiona hablando de algo que para mucho no tiene sentido. Kath es mi otro mitad.
- La verdad... no lo sé.- se acerca a mi oído y susurra- Pero hay rumores de que va a África.
Reimos y comienzo a hacerle cosquillas.
- ¡Ellyn, no jueges!- rie.
- ¡Pero si te encanta!- la abrazo por detrás y acerco mis labios a su oído- ¿Sabes qué? Hoy me toca explorar tu cuello..
Le muerdo y ella levanta la cabeza para dejarme espacio. ¿Con que no le gustaba, eh?
- Ellyn...
- ¿Mmm? Dime- digo distraída. Su cuello me puede.
- Tengo que susurrarte algo que no te dije cuando...
Paro. Odio cuando logra asustarme.
- ¿Kath?
Se da la vuelta, inclinándose sobre mi oído.
- Te quiero; muchísimo más que las estrellas. Solo a tí, te lo prometo.
Sonrío y presiono nuestros labios.
- Cuentame un secreto..- le susurro bajito.
Me mira, con esa expresión rara que a veces le sale. No es dulzura, ni amor, ni odio. Es algo más que nunca sé.
- Un secreto- vuelvo a susurrar.
Pero Kath no me lo cuenta, porque me estrecha contra ella y me besa.
Kath siempre me hace sonreir. ¿Y sabeis qué? Si se va, si esto se acaba y la llego a odiar algún día, sé que aun así, la echaré de menos.
Le devuelvo la sonrisa cuando me invita a ir con ella. Yo con ella iría al fin del mundo, pero le estoy guardando el helado.
Sonrío. Hoy el aire huele bien y además el sol me da en la cara. El parque está vacío y Kath se comlumpía. Y ríe.
- ¡Ellyn, ven!- grita.
Pero no voy y entonces recuerdo lo que ella siempre dice, que soy una exploradora.
La veo correr hacia aquí con su bufanda de colores. Que mona.
-¿Has tocado las estrellas?- pregunto mientras la tiendo el helado, lamiendo un poco antes.
- ¡Que va! Están ocupadas diriguiendo la noche.
Río. Esa es mi Kath, mi encantadora de sonrisas. Todavía me pregunto por qué alguien que se emociona con el vuelo de una mariposa me gustan tanto.
- ¿Y hacia dónde va la noche, Kath?
Se queda pensativa con ese gesto que tanto me gusta, mirando hacia otro lado.
Mi sonrisa se ensancha. Y tengo la extraña certeza de que sería capaz de capturar polvo de estrellas para hacerla feliz.
Vereis, Kath es todo eso que sobra. Porque si hoy es un día gris, ella será tu color. Si tu lloras, ella será tu sonrisa. Si te quedas sin caramelos, ten por seguro que es ella quien se los está comiendo.
Os parecerá extraño, pero me gusta verla dar vueltas sobre sí misma. Me gusta su sonrisa infantil y sus ganas de vivir, como se ilusiona hablando de algo que para mucho no tiene sentido. Kath es mi otro mitad.
- La verdad... no lo sé.- se acerca a mi oído y susurra- Pero hay rumores de que va a África.
Reimos y comienzo a hacerle cosquillas.
- ¡Ellyn, no jueges!- rie.
- ¡Pero si te encanta!- la abrazo por detrás y acerco mis labios a su oído- ¿Sabes qué? Hoy me toca explorar tu cuello..
Le muerdo y ella levanta la cabeza para dejarme espacio. ¿Con que no le gustaba, eh?
- Ellyn...
- ¿Mmm? Dime- digo distraída. Su cuello me puede.
- Tengo que susurrarte algo que no te dije cuando...
Paro. Odio cuando logra asustarme.
- ¿Kath?
Se da la vuelta, inclinándose sobre mi oído.
- Te quiero; muchísimo más que las estrellas. Solo a tí, te lo prometo.
Sonrío y presiono nuestros labios.
- Cuentame un secreto..- le susurro bajito.
Me mira, con esa expresión rara que a veces le sale. No es dulzura, ni amor, ni odio. Es algo más que nunca sé.
- Un secreto- vuelvo a susurrar.
Pero Kath no me lo cuenta, porque me estrecha contra ella y me besa.
Kath siempre me hace sonreir. ¿Y sabeis qué? Si se va, si esto se acaba y la llego a odiar algún día, sé que aun así, la echaré de menos.
jueves
Kath quiere ir al parque
- Venga Ellyn, no seas aburrida. Quiero ir al parque y columpiarme tan alto que le de envidia a las estrellas.
- Pero Kath, si las estrellas ya saben lo guapa que eres.
Sonrío pese a que Ellyn sigue vagueando en el sofá. Lo que le gusta hacer el vago a esta chica. ¡Pero yo quiero ir al parque! Y wuajajja, lo conseguiré.
- El Capitán Garfio quiere salir.
Ellyn se levanta y abre la ventana, esa que llega hasta el suelo.
- Vía libre, bola de pelo.
El Capitán bufa y se esconde en mi regazo.
- Eres mala, Ellyn- murmuro ceñuda.
- Quien fuera gato..- la oigo murmurar sin apartar la vida del gato- Que suerte tiene el minino de las narices.
La veo sentarse tranquila en el sofá y coger de nuevo Romeo y Julieta, echándola una miradita al gato.
- ¡Ellyn, no me estás escuchando!
- ¿Qué, la estás disfrutando?- le dice al Capitán Garfio. Me mira y sonríe como una niña buena. Le encanta picarme.- ¿Eh? ¿Qué decías, princesa?
Me doy la vuelta y cruzo los brazos bajo el pecho. Sus pálidos brazos me rodean por detrás y apoya la barbilla en mi hombro.
- Pero Kath, no te enfades, que el minino hasta sonríe.
Miro al Capitán de reojo. La verdad es que Ellyn tiene razón, parece sonreír. O más bien reirse de nosotras.
- Pero no te perdono- me di la vuelta lentamente y con cuidado para mirarla.
- ¿No me perdonas?
- No.
- ¿De verdad que no?
- De verdad.
- Entonces es que ya no me quieres...
Ñañañaña. Sabía que eso era mentira. Pero no cedería. ESO SI QUE N-O.
- ¿No dices nada, princesa?- me besa el cuello y yo hago como ella, que guardo un secreto entre los labios. Porque si se entera que me gusta, tomará el poder. Y ya os dije que el poder es mío ¿no?- Entonces tendré que hacer que me perdones.
- ¿Me llevarás al parque?- pregunto ilusionada.
- Mucho mejor- susurra.
- ¿A dónde?
A lo mejor me lleva a un parque acuático. Nunca he ido en invierno pero ¡eh! ¿Y por qué no esta la primera vez? Así Ellyn se tendrá que acercar mucho a mí para no pasar frío. ¿Qué os parece? Soy lista ¿no?
- Se llama cama y está mmm... Más cerca- sonríe.
- ¡Eres una pervertida, Ellyn! Solo piensas en eso- Adiós al parque acuático.
- Solo pienso en tí, princesa- confiesa.
Sonrío y la beso. Buah, que está perdonada. Pero esto no quedará así. Si es que soy débil...
Se levanta y vuelve al sofá.
- Pero y si... ¿Me llevas al parque?
- ¡Kath!
Ellyn es mala ¿sabeis? Porque en vez de darme besos para desayunar, ella me tira cojines.
- Pero Kath, si las estrellas ya saben lo guapa que eres.
Sonrío pese a que Ellyn sigue vagueando en el sofá. Lo que le gusta hacer el vago a esta chica. ¡Pero yo quiero ir al parque! Y wuajajja, lo conseguiré.
- El Capitán Garfio quiere salir.
Ellyn se levanta y abre la ventana, esa que llega hasta el suelo.
- Vía libre, bola de pelo.
El Capitán bufa y se esconde en mi regazo.
- Eres mala, Ellyn- murmuro ceñuda.
- Quien fuera gato..- la oigo murmurar sin apartar la vida del gato- Que suerte tiene el minino de las narices.
La veo sentarse tranquila en el sofá y coger de nuevo Romeo y Julieta, echándola una miradita al gato.
- ¡Ellyn, no me estás escuchando!
- ¿Qué, la estás disfrutando?- le dice al Capitán Garfio. Me mira y sonríe como una niña buena. Le encanta picarme.- ¿Eh? ¿Qué decías, princesa?
Me doy la vuelta y cruzo los brazos bajo el pecho. Sus pálidos brazos me rodean por detrás y apoya la barbilla en mi hombro.
- Pero Kath, no te enfades, que el minino hasta sonríe.
Miro al Capitán de reojo. La verdad es que Ellyn tiene razón, parece sonreír. O más bien reirse de nosotras.
- Pero no te perdono- me di la vuelta lentamente y con cuidado para mirarla.
- ¿No me perdonas?
- No.
- ¿De verdad que no?
- De verdad.
- Entonces es que ya no me quieres...
Ñañañaña. Sabía que eso era mentira. Pero no cedería. ESO SI QUE N-O.
- ¿No dices nada, princesa?- me besa el cuello y yo hago como ella, que guardo un secreto entre los labios. Porque si se entera que me gusta, tomará el poder. Y ya os dije que el poder es mío ¿no?- Entonces tendré que hacer que me perdones.
- ¿Me llevarás al parque?- pregunto ilusionada.
- Mucho mejor- susurra.
- ¿A dónde?
A lo mejor me lleva a un parque acuático. Nunca he ido en invierno pero ¡eh! ¿Y por qué no esta la primera vez? Así Ellyn se tendrá que acercar mucho a mí para no pasar frío. ¿Qué os parece? Soy lista ¿no?
- Se llama cama y está mmm... Más cerca- sonríe.
- ¡Eres una pervertida, Ellyn! Solo piensas en eso- Adiós al parque acuático.
- Solo pienso en tí, princesa- confiesa.
Sonrío y la beso. Buah, que está perdonada. Pero esto no quedará así. Si es que soy débil...
Se levanta y vuelve al sofá.
- Pero y si... ¿Me llevas al parque?
- ¡Kath!
Ellyn es mala ¿sabeis? Porque en vez de darme besos para desayunar, ella me tira cojines.
domingo
A Kath no le gusta jugar al ajedrez
Aquello era terriblemente aburrido. Peor, mucho peor que aburrido. Claro que no, peor no era la palabra. HORRIBLE. HORRIBLEMENTE ABURRIDO.
Esta tarde, si no hubiera empezado a nevar con tanta fuerza, Ellyn yo habríamos ido al bosque que hay al lado de casa a jugar con las hojas caídas. Tengo la sensación de que los árboles nos echan de menos. ¿Y sabeis lo peor peorcísimo de todo? Que Ellyn a sonreido, se a sentado en el sofá con un libro y se ha puesto a leer cuando le he dicho que no podríamos ir. Es una mala persona, que lo sepais.
Así que yo ahora me abrazo a mí misma sentada junto a la ventana. Solo llevo una camiseta y hace mucho mucho frío.
Miro de reojo a Ellyn durante un rato.
- Deja de fulminarme con la mirada princesa-me dice con calma, sin despegar la vista del libro.
Veo como casi sonrie. Casi.
- No quiero. NONONONONONONONO- la miro con dulzura- quiero.
Ella ni siquiera se inmuta.
- Eeeellyn, no me ignores, por fa.
- Vale.
Un minuto, dos minutos, tres minutos.¡Y Ellyn sigue ignorándome!
Me levanto pisando fuerte y le quito el libro.
- ¡Eh!
- No me ignores- repito enfurruñada.
Me siento en el sofá, dejando el libro en la mesilla.
- Juguemos- me dice.
¡Por fin algo divertido!
- A lo que quieras- y sonrío.
La miro con ojitos de cordero degollado y una GRAN sonrisa infantil. Ella sonríe divertida y entonces me dio cuenta de que metí la pata al decir eso.
- Al ajedrez.
Y ahora pongo cara de asco y Ellyn sonrie feliz. Le encanta picarme.
Tontatontatontatontatonta.
Abro la boca para quejarme, pero me sella los labios con un dedo.
- Has dicho a lo que quisiera. - susurra.
Se levanta a por el tablero y yo mientras cruzo los brazos. Nota mental: No volver a darle el poder a Ellyn. ¡Que el poder es mio, hombre!
Llega con el trablero y nos sentamos en el suelo. Creo que pasaron siglos, pero no sabría yo que deciros.
- Me aburro.
- Eso ya lo has dicho.
Esa maldita sonrisa no se va de la cara de Ellyn. Le encanta este juego. ¡Dios! Maldita chica irresistible.
- Me aburro.
Me mira y enarca una ceja. Parece enfadada.
- ¿¡Y con qué quiere divertirse la señorita!?
Pongo las manos encima del tablero, a escasos centímetros de sus perfectos labios. Sonrío.
- Contigo.- susurro.
Era cuestión de hacer la pregunta correcta y tener la respuesta acertada. ¡Pero que sepais que odio jugar al ajedrez!
Esta tarde, si no hubiera empezado a nevar con tanta fuerza, Ellyn yo habríamos ido al bosque que hay al lado de casa a jugar con las hojas caídas. Tengo la sensación de que los árboles nos echan de menos. ¿Y sabeis lo peor peorcísimo de todo? Que Ellyn a sonreido, se a sentado en el sofá con un libro y se ha puesto a leer cuando le he dicho que no podríamos ir. Es una mala persona, que lo sepais.
Así que yo ahora me abrazo a mí misma sentada junto a la ventana. Solo llevo una camiseta y hace mucho mucho frío.
Miro de reojo a Ellyn durante un rato.
- Deja de fulminarme con la mirada princesa-me dice con calma, sin despegar la vista del libro.
Veo como casi sonrie. Casi.
- No quiero. NONONONONONONONO- la miro con dulzura- quiero.
Ella ni siquiera se inmuta.
- Eeeellyn, no me ignores, por fa.
- Vale.
Un minuto, dos minutos, tres minutos.¡Y Ellyn sigue ignorándome!
Me levanto pisando fuerte y le quito el libro.
- ¡Eh!
- No me ignores- repito enfurruñada.
Me siento en el sofá, dejando el libro en la mesilla.
- Juguemos- me dice.
¡Por fin algo divertido!
- A lo que quieras- y sonrío.
La miro con ojitos de cordero degollado y una GRAN sonrisa infantil. Ella sonríe divertida y entonces me dio cuenta de que metí la pata al decir eso.
- Al ajedrez.
Y ahora pongo cara de asco y Ellyn sonrie feliz. Le encanta picarme.
Tontatontatontatontatonta.
Abro la boca para quejarme, pero me sella los labios con un dedo.
- Has dicho a lo que quisiera. - susurra.
Se levanta a por el tablero y yo mientras cruzo los brazos. Nota mental: No volver a darle el poder a Ellyn. ¡Que el poder es mio, hombre!
Llega con el trablero y nos sentamos en el suelo. Creo que pasaron siglos, pero no sabría yo que deciros.
- Me aburro.
- Eso ya lo has dicho.
Esa maldita sonrisa no se va de la cara de Ellyn. Le encanta este juego. ¡Dios! Maldita chica irresistible.
- Me aburro.
Me mira y enarca una ceja. Parece enfadada.
- ¿¡Y con qué quiere divertirse la señorita!?
Pongo las manos encima del tablero, a escasos centímetros de sus perfectos labios. Sonrío.
- Contigo.- susurro.
Era cuestión de hacer la pregunta correcta y tener la respuesta acertada. ¡Pero que sepais que odio jugar al ajedrez!
miércoles
La nota de Kath.
¿Sabes cuál es tú problema? Qué no sabes hasta que punto soy tuya ni lo muchisimo que te puedo llegar a querer. Que bueno, yo no domaría leones hambrientos ni lloraría durante cien años, pero sí iría al fin del mundo para traerte una rosa única y verte sonreír una mañana. Estaría contigo el tiempo que hiciera falta y sería mala para siempre.
Si te hace feliz, tomaré chocolate de tus labios, que a mí no me importa. Y además, te susurraré versos de amor al oído. Porque esta vez no puedes comparar nuestra historia con Romeo y Julieta. Ya, ya sé que te encanta, pero no, no puedes. ¡Y no me repliques! Nuestra historia es mucho mejor.
No le pongas nombre, pero entre nosotras que quede como un te amo ¿de acuerdo?
¿Porque sabes, Ellyn? Eres mi única condición para ser feliz.
Ellyn sonrió y terminó de desperezarse.
- ¡Noooo!
- ¿Qué pasa, princesa?
Su sonrisa se ensanchó cuando el olor de las tostadas quemadas llegó a la habitación. Kath siempre hacía que los Lunes, no pesaran tanto.
Si te hace feliz, tomaré chocolate de tus labios, que a mí no me importa. Y además, te susurraré versos de amor al oído. Porque esta vez no puedes comparar nuestra historia con Romeo y Julieta. Ya, ya sé que te encanta, pero no, no puedes. ¡Y no me repliques! Nuestra historia es mucho mejor.
No le pongas nombre, pero entre nosotras que quede como un te amo ¿de acuerdo?
¿Porque sabes, Ellyn? Eres mi única condición para ser feliz.
Ellyn sonrió y terminó de desperezarse.
- ¡Noooo!
- ¿Qué pasa, princesa?
Su sonrisa se ensanchó cuando el olor de las tostadas quemadas llegó a la habitación. Kath siempre hacía que los Lunes, no pesaran tanto.
sábado
A Ellyn le encanta la sonrisa de Kath
Me gusta esa sonrisa que dibujan sus labios cuando está feliz. Y lo mejor es que es solo mía. Ella dice que la guarda para momentos especiales, pero yo sé que es mentira. Es mía y ya está.
Así que, mientras ella sonríe, yo deslizo un dedo por su espalda.
Estamos tumbadas en la cama blanca del principio. Hemos vuelto al comienzo y no sé por qué. A veces tengo la sensación de que es uno de los antojos de Kath, pero sé que hay algo que no me cuenta y debería saber.
- Mmmm...
- No gimas, princesa.
Se da la vuelta y me pega. Ahora, encima suya, puedo ver mejor sus grandes ojos verdes y su pelo castaño enmarañado.
Me muerdo el labio inferior, recorriendo su cuello con la mirada.
- ¿Pasa algo, Ellyn?
- ¿Eh? Esto... N-nono.
Kath ríe con esa voz cantarina que tanto me gusta. Y lentamente, voy inclinándome hacia ella para morderle el cuello.
Kath sonríe, aunque no la veo.
Siempre dice que no le gustan los mordiscos, pero no es verdad. Es esa sonrisa que pone cuando se lo digo la que me hace saber que si la muerdo yo, lo demás da igual.
Kath me besa y yo me pego más a ella, notando su cuerpo desnudo bajo el mío.
- Te quiero.
Así que, mientras ella sonríe, yo deslizo un dedo por su espalda.
Estamos tumbadas en la cama blanca del principio. Hemos vuelto al comienzo y no sé por qué. A veces tengo la sensación de que es uno de los antojos de Kath, pero sé que hay algo que no me cuenta y debería saber.
- Mmmm...
- No gimas, princesa.
Se da la vuelta y me pega. Ahora, encima suya, puedo ver mejor sus grandes ojos verdes y su pelo castaño enmarañado.
Me muerdo el labio inferior, recorriendo su cuello con la mirada.
- ¿Pasa algo, Ellyn?
- ¿Eh? Esto... N-nono.
Kath ríe con esa voz cantarina que tanto me gusta. Y lentamente, voy inclinándome hacia ella para morderle el cuello.
Kath sonríe, aunque no la veo.
Siempre dice que no le gustan los mordiscos, pero no es verdad. Es esa sonrisa que pone cuando se lo digo la que me hace saber que si la muerdo yo, lo demás da igual.
Kath me besa y yo me pego más a ella, notando su cuerpo desnudo bajo el mío.
- Te quiero.
lunes
Kath quiere comprar la tienda entera.
Jijiji, la he arrastrado hasta aquí. Sinceramente, creo que me odia. Asi que ahora vamos de la mano por las calles grises de Nueva York. Ellyn siempre dice que les pongo color, pero ella diría lo mismo de Francia, Holanda o incluso Yupilandia con tal de verme sonreir.
- Kath... Que llevamos dos horas andando- se queja por enésima vez.
- Que si te duelen los pies, que si llevamos dos horas andando, que si ya he comido suficiente helado.. ¡Eres una quejica, Ellyn!
- Claro, como aquí Doña Generosidad me deja invitarla pues...- ironiza- Si me quedo pobre será culpa tuya.
Pero que buena que soy ¿verdad? La dejo invitarme.
- Vale,vale.
Pego un saltito a lo Heidi y seguimos andando.
Me encanta andar con ella. La gente se nos queda mirando, pero Ellyn siempre les echa una mirada con cara de leona loca y los demás se apartan de nuestro camino. ¡Y cuanto espacio queda! Es muy muy divertido. Aunque yo siempre le digo que esa cara es más de vaca lechera.
Me ha confesado que las vacas no dan dulce de leche. Mira que son aburridas esas vacas.
- ¿Pero no te apetecería más estar en casa calentitas, tumbadas en la cama...?- empieza.
Malamalamalamalamalamala. ¡Con eso no se juega, Ellyn! Pero esta vez no cederé a la tentación. Nonononono. Pero es que es tan tontatontatontatonta y se pone tan moooona cuando estamos así... ¡A callar!
- ¡Ellyn!
Rie.
Me encanta su risa. Siempre he pensado que sale de la bañera de las estrellas. Porque a Ellyn le encanta el agua y las estrellas son muy dulces... Bueno, dejemoslo.
- ¡Ellyn, mira!- exclamo y echo a correr.
- ¡Ey, pero más despacio!
Es una tienda de chuches. Siiiiiiii.
- ¿No vienes?
- Yo me quedo aquí-
Jum... Ellyn y su gusto por las puertas.
Me encojo de hombros mientras la veo apoyarse en el umbral y sonreir.
El suelo es de madera, asi que mis pasos suenan como los de un titán. Y hay muchas golosinas de colores. Todo todo tiene su propio color.
Cojo un puñado de gusanos y se los tiro a Ellyn.
- Aburrida.
- Chica tonta- me contesta entrecerrando los ojos.
Pongo los brazos en jarra en medio de la tienda.
- ¿Qué? ¡Pero bueno! ¿Ya no soy la chica más petable y hermosa del mundo?
Se acerca y rodea mi cintura con sus brazos blanquitos. Siempre le digo que ella es nieta de BlancaNieves. Nieta, porque la princesa esa es estúpida y fea y Ellyn por supuesto que no. Siempre se ríe de mí la muy tonta.
- Eso siempre, princesa- susurra en mi oído.
- Quitate...- murmuro después de que termine el beso.
- Jajaja, Kath se ha puesto rooooojaaaa...
Le saco la lengua y vuelvo la vista a los escarabajos, nubes y bolas de chicle.
Cierro los ojos y sin pensarlo, comienzo a dar vueltas con los brazos extendidos, haciendo girar mi falda.
Se que Ellyn ha enarcado una ceja. Que pervertida.
Abro los ojos y... ¡Bingo! La veo con una ceja enarcada y mirada codiciosa.
Le saco la lengua otra vez - ella siempre me dice que va a escribir un libro sobre las veces que saco la lengua al día- y compro una piruleta con forma de corazón. Ellyn me dijo que no podía comprar la tienda entera... Mala persona.
Cuando salimos, lo hacemos en silencio. Raro, raro, raro.
Encuentro su mano y la miro. Sus ojos, su perfecta nariz y la fina línea que dibujan sus labios, como queriendo esconder un secreto que solo ella sabe.
Me paro en medio de una calle atestada de gente a la que le cuesta esquivanos.
- ¿Qué te pasa?- le interrogo señalándola con la piruleta.
- Nada.
Entrecierro los ojos.
- No me lo creo.
- No me pasa nada, Kath- otra vez esa maldita línea en sus labios.
- Jum....
Me da la mano y echamos a andar.
- Pero... adoro tu ropa interior negra.
La veo de reojo sonreir mientras mi cara se pone roja. Yo, vueltas, tienda. NOOOOOOOO.
- ¡TOOONTAAA!- grito, mientras Ellyn es incapaz de guardar su secreto y se rie.
- Kath... Que llevamos dos horas andando- se queja por enésima vez.
- Que si te duelen los pies, que si llevamos dos horas andando, que si ya he comido suficiente helado.. ¡Eres una quejica, Ellyn!
- Claro, como aquí Doña Generosidad me deja invitarla pues...- ironiza- Si me quedo pobre será culpa tuya.
Pero que buena que soy ¿verdad? La dejo invitarme.
- Vale,vale.
Pego un saltito a lo Heidi y seguimos andando.
Me encanta andar con ella. La gente se nos queda mirando, pero Ellyn siempre les echa una mirada con cara de leona loca y los demás se apartan de nuestro camino. ¡Y cuanto espacio queda! Es muy muy divertido. Aunque yo siempre le digo que esa cara es más de vaca lechera.
Me ha confesado que las vacas no dan dulce de leche. Mira que son aburridas esas vacas.
- ¿Pero no te apetecería más estar en casa calentitas, tumbadas en la cama...?- empieza.
Malamalamalamalamalamala. ¡Con eso no se juega, Ellyn! Pero esta vez no cederé a la tentación. Nonononono. Pero es que es tan tontatontatontatonta y se pone tan moooona cuando estamos así... ¡A callar!
- ¡Ellyn!
Rie.
Me encanta su risa. Siempre he pensado que sale de la bañera de las estrellas. Porque a Ellyn le encanta el agua y las estrellas son muy dulces... Bueno, dejemoslo.
- ¡Ellyn, mira!- exclamo y echo a correr.
- ¡Ey, pero más despacio!
Es una tienda de chuches. Siiiiiiii.
- ¿No vienes?
- Yo me quedo aquí-
Jum... Ellyn y su gusto por las puertas.
Me encojo de hombros mientras la veo apoyarse en el umbral y sonreir.
El suelo es de madera, asi que mis pasos suenan como los de un titán. Y hay muchas golosinas de colores. Todo todo tiene su propio color.
Cojo un puñado de gusanos y se los tiro a Ellyn.
- Aburrida.
- Chica tonta- me contesta entrecerrando los ojos.
Pongo los brazos en jarra en medio de la tienda.
- ¿Qué? ¡Pero bueno! ¿Ya no soy la chica más petable y hermosa del mundo?
Se acerca y rodea mi cintura con sus brazos blanquitos. Siempre le digo que ella es nieta de BlancaNieves. Nieta, porque la princesa esa es estúpida y fea y Ellyn por supuesto que no. Siempre se ríe de mí la muy tonta.
- Eso siempre, princesa- susurra en mi oído.
- Quitate...- murmuro después de que termine el beso.
- Jajaja, Kath se ha puesto rooooojaaaa...
Le saco la lengua y vuelvo la vista a los escarabajos, nubes y bolas de chicle.
Cierro los ojos y sin pensarlo, comienzo a dar vueltas con los brazos extendidos, haciendo girar mi falda.
Se que Ellyn ha enarcado una ceja. Que pervertida.
Abro los ojos y... ¡Bingo! La veo con una ceja enarcada y mirada codiciosa.
Le saco la lengua otra vez - ella siempre me dice que va a escribir un libro sobre las veces que saco la lengua al día- y compro una piruleta con forma de corazón. Ellyn me dijo que no podía comprar la tienda entera... Mala persona.
Cuando salimos, lo hacemos en silencio. Raro, raro, raro.
Encuentro su mano y la miro. Sus ojos, su perfecta nariz y la fina línea que dibujan sus labios, como queriendo esconder un secreto que solo ella sabe.
Me paro en medio de una calle atestada de gente a la que le cuesta esquivanos.
- ¿Qué te pasa?- le interrogo señalándola con la piruleta.
- Nada.
Entrecierro los ojos.
- No me lo creo.
- No me pasa nada, Kath- otra vez esa maldita línea en sus labios.
- Jum....
Me da la mano y echamos a andar.
- Pero... adoro tu ropa interior negra.
La veo de reojo sonreir mientras mi cara se pone roja. Yo, vueltas, tienda. NOOOOOOOO.
- ¡TOOONTAAA!- grito, mientras Ellyn es incapaz de guardar su secreto y se rie.
miércoles
Ellyn sale en pijama de casa
- Venga, venga, ¡despierta!
- Déjame...
- Dos segundos, ellyn- rie Kath.
Noto como se levanta y va a la ducha. Sonrío todavía con los ojos cerrados. Seguramente hoy va a volver a quemar las tostadas y se va a hinchar a chocolate. Luego dice que se pone gorda la muy tonta. No sabe que está perfecta. Además, estoy segura de que esta noche, a última hora, se pondrá a buscar la cesta para ir a la colina a ver las estrellas.
Noto en beso helado en la mejilla y abro los ojos al instante.
- Pero que... ¿Te vas?
Me siento en la cama mientras observo medio dormida como Kath se viste. ¡Dios, dios dios! ¡Adoro la ropa interior negra de Kath! Y su cintura y sus caderas, y su cuello, y su... Venga Ellyn, céntrate.
- ¿No vamos a la colina esta noche?
Me da un beso rápido que no devuelvo.
- Ya lo haremos otro día- sonríe.
Y Kath sale de la habitación y se olle cerrar la puerta de entrada.
No se cuanto tiempo estube parada mirando el pijama en el suelo de Kath, ni tampoco cuanto tube la boca abierta.
Esa no es Kath, os lo juro. Ella nunca se perdería un domingo en la colina y menos aún se pondría su ropa interior favorita para salir a la calle.
Cojo el abrigo y salgo de casa.
Kath dobla la esquina en ese instante así que la sigo. Cruza una calle, atraviesa un parque y se para frente a la puerta de un hotel.
En los 15 minutos en los que ella espera y yo...me preocupo por la seguridad de MI chica, pensé varias veces en acercarme. ¡Pero! Cuando... ya... ejem... tengo puesto un pie en el paso de peatones... UN HOMBRE NO IDENTIFICADO BESA LA MEJILLA DE MI CHICA.
Me quedo clavada en el sitio, mirando la sonrisa coqueta de Kath.
Los sigo, por supuesto que lo hago. Pero que conste que no es por celos -demasiado iracionales para mí-, si no para proteger a MI chica de futuros violadores. Si... eso..
Comen en un restaurante caro -yo, desde la otra acera, me tube que conformar con aire-, pasean por un parque vacío -que me encargo de llenar- y terminan en el hotel, seguramente en la habitación de aquel tipo.
Me desplomo sobre la acera sin importarme las miradas de la agente y apoyo la espalda en la piedra negra del edificio. Kath... ¿Me había engañado? ¿Ahora era una vaca?
-Muuu...- susurro sin gracia.
- ¿Ellyn?
Me levanto de un salto y limpio rapidamente las lágrimas que ya surcan mis mejillas. Malditas y odiosas lágrimas.
- Ellyn... ¿Qué haces aquí?- me mira de arriba abajo- Y encima en pijama.
- Nada, que me gusta pasear semidesnuda ¿que pasa?- cierro el abrigo y curzo los brazos bajo el pecho.
Kath se acerca a mí y me mira con su típida sonrisa inocente a la que ya no sucumbo. No, claro que no, a mi ya no me importa esa maravillosa, apasionante, perfecta, encantadora, estupenda [inserte opción] sonrisa.
- ¿Por qué lloras?
- ¿¡Por qué lloro, Kath!? Me has engañado con ese ti...
Mierda, mierda, mierda, mierda.
- Dime que lo que llevas en esa bolsa blanca no es el chocolate Suizo que tenías que recoger hoy precisamente en este mismo hotel.
Kath sonríe.
- Vale, entonces no te lo digo.
Me coje de la mano y empieza a contar.
- Ellyn está celooooosa, Ellyn está celoooosa...
- Mentira.
- Y a salido en pijama de caaasa por miii....
- Mentira.
La cojo de las muñecas y la acorralo contra la pared, acercándome a su oído.
- Mentira, solo cuidaba la seguridad de MI chica.
Kath rie y me mira. Luego, simplemente, me besa.
- Déjame...
- Dos segundos, ellyn- rie Kath.
Noto como se levanta y va a la ducha. Sonrío todavía con los ojos cerrados. Seguramente hoy va a volver a quemar las tostadas y se va a hinchar a chocolate. Luego dice que se pone gorda la muy tonta. No sabe que está perfecta. Además, estoy segura de que esta noche, a última hora, se pondrá a buscar la cesta para ir a la colina a ver las estrellas.
Noto en beso helado en la mejilla y abro los ojos al instante.
- Pero que... ¿Te vas?
Me siento en la cama mientras observo medio dormida como Kath se viste. ¡Dios, dios dios! ¡Adoro la ropa interior negra de Kath! Y su cintura y sus caderas, y su cuello, y su... Venga Ellyn, céntrate.
- ¿No vamos a la colina esta noche?
Me da un beso rápido que no devuelvo.
- Ya lo haremos otro día- sonríe.
Y Kath sale de la habitación y se olle cerrar la puerta de entrada.
No se cuanto tiempo estube parada mirando el pijama en el suelo de Kath, ni tampoco cuanto tube la boca abierta.
Esa no es Kath, os lo juro. Ella nunca se perdería un domingo en la colina y menos aún se pondría su ropa interior favorita para salir a la calle.
Cojo el abrigo y salgo de casa.
Kath dobla la esquina en ese instante así que la sigo. Cruza una calle, atraviesa un parque y se para frente a la puerta de un hotel.
En los 15 minutos en los que ella espera y yo...me preocupo por la seguridad de MI chica, pensé varias veces en acercarme. ¡Pero! Cuando... ya... ejem... tengo puesto un pie en el paso de peatones... UN HOMBRE NO IDENTIFICADO BESA LA MEJILLA DE MI CHICA.
Me quedo clavada en el sitio, mirando la sonrisa coqueta de Kath.
Los sigo, por supuesto que lo hago. Pero que conste que no es por celos -demasiado iracionales para mí-, si no para proteger a MI chica de futuros violadores. Si... eso..
Comen en un restaurante caro -yo, desde la otra acera, me tube que conformar con aire-, pasean por un parque vacío -que me encargo de llenar- y terminan en el hotel, seguramente en la habitación de aquel tipo.
Me desplomo sobre la acera sin importarme las miradas de la agente y apoyo la espalda en la piedra negra del edificio. Kath... ¿Me había engañado? ¿Ahora era una vaca?
-Muuu...- susurro sin gracia.
- ¿Ellyn?
Me levanto de un salto y limpio rapidamente las lágrimas que ya surcan mis mejillas. Malditas y odiosas lágrimas.
- Ellyn... ¿Qué haces aquí?- me mira de arriba abajo- Y encima en pijama.
- Nada, que me gusta pasear semidesnuda ¿que pasa?- cierro el abrigo y curzo los brazos bajo el pecho.
Kath se acerca a mí y me mira con su típida sonrisa inocente a la que ya no sucumbo. No, claro que no, a mi ya no me importa esa maravillosa, apasionante, perfecta, encantadora, estupenda [inserte opción] sonrisa.
- ¿Por qué lloras?
- ¿¡Por qué lloro, Kath!? Me has engañado con ese ti...
Mierda, mierda, mierda, mierda.
- Dime que lo que llevas en esa bolsa blanca no es el chocolate Suizo que tenías que recoger hoy precisamente en este mismo hotel.
Kath sonríe.
- Vale, entonces no te lo digo.
Me coje de la mano y empieza a contar.
- Ellyn está celooooosa, Ellyn está celoooosa...
- Mentira.
- Y a salido en pijama de caaasa por miii....
- Mentira.
La cojo de las muñecas y la acorralo contra la pared, acercándome a su oído.
- Mentira, solo cuidaba la seguridad de MI chica.
Kath rie y me mira. Luego, simplemente, me besa.
sábado
Kath sale a comprar chocolate a las 5:00 de la mañana.
Me iba a volver loca. Bueno, si no lo estaba ya.
Me había dejado aquí, en la cama, mientras ella, a las 5:00 de la mañana, iba a comprar una tableta de chocolate. ¿Pero qué loco abriría su tienda a las 5:00 de la mañana? Con lo bien que se está en la cama.
Sonrío y me acerco a la ventana. Para mi sorpresa, encuentro a Kath al otro lado de la calle, hablando acaloradamente con un hombre. Seguro que le está ofreciendo la Luna a cambio de que abra su negocio. Conociéndola, os digo yo que se la ofrece literalmente y sin intereses. Pero que chica más tonta.
Lleva el pelo suelto y veo como, en medio de la discursión, su bufanda de los colores del arcoiris resbala por su hombro. Distraída, y sin dejar de mirar al hombre, vuelve a ponérsela en su sitio.
Esa es Kath, la chica que resalta con sus colores en un día gris. La que se despierta a las 5:00 de la mañana con un antojo de chocolate y sale a comprarlo. Kath es el tipo de persona que para conseguir lo que quiere lucharía por la luna y ten por seguro que, en menos de un mes, habrá conseguido meterla en un sobre y mandártela. Kath es la persona de quien estoy locamente enamorada. Punto y final.
La veo sonreir y entra en la tienda para salir a los dos minutos con una tableta de chocolate en las manos. Mira a la ventana y me sonríe. Echa a correr hacía el hotel y yo, desvío la mirada hacia las nubes.
No sé donde estamos, Kath todavía no me lo ha dicho. Un día, mientras veíamos la tele, gritó, así derrepente, que quería irse. Y no me dio más explicaciones. A las dos semanas estábamos metidas en un autobús viendo carretera. A ella no parecía importarle que el paisaje siempre fuera el mismo
Sonrío. Era tan... Kath. La chica perfecta con defectos. Mi princesa.
Llaman a la puerta, pero no me molesto en abrir. Sé que tiene llave, lo se.
Abre la puerta de la habitación y nada más entrar me mira de arriba abajo.
- Pervertida.
Compone su mejor cara de niña ofendida.
- ¿Yo? ¡Pero, Ellyn, eres tú quien solo lleva una camisa!
Levanto un dedo, como una profesora enfadada.
- Incorrecto. No es una camisa, es LA CAMISA NEGRA. No te atraveas a meterte con ella.
Reimos y mientras se quita el abrigo, los guantes y la bufanda dejándolos caer al suelo, me siento en la cama. Ella hace lo mismo y me enseña la tableta. Sonrío y comemos en silencio. Después de un rato, Kath pregunta:
- ¿No te molesta?
- ¿No me molesta el que?
- Que te haya arrastrado hasta aquí.
La miro serie y ella me devuelve la mirada.
- No te enteras ¿verdad? Kath, haría cualquier cosa por ti. Te traería la Luna, lloraría durante cien años, domaría a leones hambrientos si hace falta solo para tenerte un minuto más conmigo. Defenderé tu castillo hasta el final, princesa. Si tu quieres, claro.
Me mira y lo hace con una expresión extraña en la cara. Sonríe.
- No querré tanto, tonta, me conformo con que me des una vuelta por Plutón.
- ¡Y menos mal que te conformas!- exclamo.
Reimos de nuevo y nos volvimos a mirar. Entonces me inclino y la beso, disfrutando de sus suaves labios.
- Kath.
- ¿Mmm?
- Que no gimas.
Me fulmina con la mirada y rio.
- Que quieres.
- ¿Dónde estamos?-pregunto.
Rie durante lo que yo creo que es una eternidad. Ahora en serio, de verdad que no pillo el chiste.
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes?
- Elegí un pueblo al azar.
Sonrie y la vuelvo a besar.
¿Sabeis que? Existen tres tipos de personas: las que sueñan, las que luchan, las que sufren, y Kath.
Me había dejado aquí, en la cama, mientras ella, a las 5:00 de la mañana, iba a comprar una tableta de chocolate. ¿Pero qué loco abriría su tienda a las 5:00 de la mañana? Con lo bien que se está en la cama.
Sonrío y me acerco a la ventana. Para mi sorpresa, encuentro a Kath al otro lado de la calle, hablando acaloradamente con un hombre. Seguro que le está ofreciendo la Luna a cambio de que abra su negocio. Conociéndola, os digo yo que se la ofrece literalmente y sin intereses. Pero que chica más tonta.
Lleva el pelo suelto y veo como, en medio de la discursión, su bufanda de los colores del arcoiris resbala por su hombro. Distraída, y sin dejar de mirar al hombre, vuelve a ponérsela en su sitio.
Esa es Kath, la chica que resalta con sus colores en un día gris. La que se despierta a las 5:00 de la mañana con un antojo de chocolate y sale a comprarlo. Kath es el tipo de persona que para conseguir lo que quiere lucharía por la luna y ten por seguro que, en menos de un mes, habrá conseguido meterla en un sobre y mandártela. Kath es la persona de quien estoy locamente enamorada. Punto y final.
La veo sonreir y entra en la tienda para salir a los dos minutos con una tableta de chocolate en las manos. Mira a la ventana y me sonríe. Echa a correr hacía el hotel y yo, desvío la mirada hacia las nubes.
No sé donde estamos, Kath todavía no me lo ha dicho. Un día, mientras veíamos la tele, gritó, así derrepente, que quería irse. Y no me dio más explicaciones. A las dos semanas estábamos metidas en un autobús viendo carretera. A ella no parecía importarle que el paisaje siempre fuera el mismo
Sonrío. Era tan... Kath. La chica perfecta con defectos. Mi princesa.
Llaman a la puerta, pero no me molesto en abrir. Sé que tiene llave, lo se.
Abre la puerta de la habitación y nada más entrar me mira de arriba abajo.
- Pervertida.
Compone su mejor cara de niña ofendida.
- ¿Yo? ¡Pero, Ellyn, eres tú quien solo lleva una camisa!
Levanto un dedo, como una profesora enfadada.
- Incorrecto. No es una camisa, es LA CAMISA NEGRA. No te atraveas a meterte con ella.
Reimos y mientras se quita el abrigo, los guantes y la bufanda dejándolos caer al suelo, me siento en la cama. Ella hace lo mismo y me enseña la tableta. Sonrío y comemos en silencio. Después de un rato, Kath pregunta:
- ¿No te molesta?
- ¿No me molesta el que?
- Que te haya arrastrado hasta aquí.
La miro serie y ella me devuelve la mirada.
- No te enteras ¿verdad? Kath, haría cualquier cosa por ti. Te traería la Luna, lloraría durante cien años, domaría a leones hambrientos si hace falta solo para tenerte un minuto más conmigo. Defenderé tu castillo hasta el final, princesa. Si tu quieres, claro.
Me mira y lo hace con una expresión extraña en la cara. Sonríe.
- No querré tanto, tonta, me conformo con que me des una vuelta por Plutón.
- ¡Y menos mal que te conformas!- exclamo.
Reimos de nuevo y nos volvimos a mirar. Entonces me inclino y la beso, disfrutando de sus suaves labios.
- Kath.
- ¿Mmm?
- Que no gimas.
Me fulmina con la mirada y rio.
- Que quieres.
- ¿Dónde estamos?-pregunto.
Rie durante lo que yo creo que es una eternidad. Ahora en serio, de verdad que no pillo el chiste.
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes?
- Elegí un pueblo al azar.
Sonrie y la vuelvo a besar.
¿Sabeis que? Existen tres tipos de personas: las que sueñan, las que luchan, las que sufren, y Kath.
jueves
Cuando Kath conoció a Ellyn
23 de septiembre 4 de octubre 2 de marzo 3 de abril.
Tengo la sensación de que todos los días son iguales. No se alteran, no pasan. Nada. Siempre detenidos.
Mi nombre es Kath, Katherina en realidad y no soy nada en absoluto.
Te diré que hay gente que me odia, otra que me envidia y otras muchas que todavía no conozco.
No te interesará, pero yo te lo cuento. Estoy en medio de una colina enorme, de hierba siempre verde. No hay ningún árbol que de sombra, pero no importa, porque el cielo está preciosamente encapotado con nubes grises. Corre una brisa fresca que me hace balancear con las manos a la espalda, como una niña pequeña.
Dibujo una sonrisa amarga.
Giro un poco la cabeza y veo a una chica alta y esbelta, de cabellos castaños y ojos oscuros. Su piel es tan pálida que se me ocurre compararla con la nieve.
- No deberías ir por ahí- grito y señalo el lago helado.
Se acerca a mí, acurrucada en su abrigo. Cuando está lo suficientemente cerca enarca una ceja y se queda ahí plantada, mirándome con una sonrisa en sus labios.
Creo que esa fue la primera vez que me fijé en sus labios y os digo yo, a día de hoy, que todavía los miro mil veces cada minuto.
No sigo la dirección de sus ojos, por supuesto. Sé que mira a mis guantes multicolor, a juego con mi bufanda de colores chillones.
- ¿No te gustan los colores?
Estos no pegaban con mi cara.
- Me encanta los colores.
Me mira fijamente y dibujo una gran sonrisa. Pero es una de esas sonrisas verdaderas. Una gran sonrisa infantil.
Ese fue el primer día que vi a Ellyn y que nació Kath. Porque vereís, jamás volví a contar los días.
Tengo la sensación de que todos los días son iguales. No se alteran, no pasan. Nada. Siempre detenidos.
Mi nombre es Kath, Katherina en realidad y no soy nada en absoluto.
Te diré que hay gente que me odia, otra que me envidia y otras muchas que todavía no conozco.
No te interesará, pero yo te lo cuento. Estoy en medio de una colina enorme, de hierba siempre verde. No hay ningún árbol que de sombra, pero no importa, porque el cielo está preciosamente encapotado con nubes grises. Corre una brisa fresca que me hace balancear con las manos a la espalda, como una niña pequeña.
Dibujo una sonrisa amarga.
Giro un poco la cabeza y veo a una chica alta y esbelta, de cabellos castaños y ojos oscuros. Su piel es tan pálida que se me ocurre compararla con la nieve.
- No deberías ir por ahí- grito y señalo el lago helado.
Se acerca a mí, acurrucada en su abrigo. Cuando está lo suficientemente cerca enarca una ceja y se queda ahí plantada, mirándome con una sonrisa en sus labios.
Creo que esa fue la primera vez que me fijé en sus labios y os digo yo, a día de hoy, que todavía los miro mil veces cada minuto.
No sigo la dirección de sus ojos, por supuesto. Sé que mira a mis guantes multicolor, a juego con mi bufanda de colores chillones.
- ¿No te gustan los colores?
Estos no pegaban con mi cara.
- Me encanta los colores.
Me mira fijamente y dibujo una gran sonrisa. Pero es una de esas sonrisas verdaderas. Una gran sonrisa infantil.
Ese fue el primer día que vi a Ellyn y que nació Kath. Porque vereís, jamás volví a contar los días.
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