El amor es una putada. Nos empeñamos en querer a personas que no nos quieren y en amar a otras que, luego, nos abandonan. O que nosotros abandonamos.
Recorremos grandes caminos por ellos, nos ilusionamos, damos y a veces recibimos. Tapamos sus miedos con los nuestros y ellos cubren nuestros errores con caricias.
El amor es buscar un compañero que nos complemente mientras tratamos de completarnos a nosotros mismos. El amor es una putada porque el proceso de vernos es infinito y a veces ni siquiera ocurre.
Yo creo que hemos llorado más por amor que por ninguna otra cosa y aún hoy no sé distinguir si eso es bueno o es malo.
Quiero decir que el amor es una putada, de las grandes, de las que nunca olvides porque siempre las llevas a cuestas y maldito el peso ¡joder! y las despedidas... Pero hay algo inexplicable en su funcionamiento que nos invita a aferrarnos a sus labios como tontos. Y cuando abrimos los ojos estamos en el mismo sitio del que nos marchamos, sin importar la caída.
El amor es una putada y una caída, y un ataque de risa y una palabra en el momento justo y una sonrisa y dolor y lágrimas y despedidas.
El problema del amor, sin duda, es lo frágiles que nos sentimos cuando nos aman - a ciencia cierta no sabría decir cuál de los dos casos es el peor, si el amor o el desamor. Cuando, sin darnos cuenta, hemos entregado más de lo debido y miramos expectantes las manos del otro, intentando deducir cuánto daño nos hará.
A veces, lo jodido del amor es que no es una elección, que no existen momentos adecuados en los que dar o recibir, porque simplemente ocurre.
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sábado
domingo
miércoles
Decreto la cuarentena en mi alma
- si esto alguna vez fue posible-.
Abogo por el insomnio de día
y el sueño de noche,
lo que significa,
más bien,
ir invirtiendo tus delirios.
Impugno el toque de queda
a los susurros
y a las cascadas
y a todas las cárceles que hablen de ti.
Que me abrace el frío
- si es que existe-
y la mentira esa de que vivir sin dirección,
en fin,
nos lleva a alguna parte.
Me desautorizo en el hecho de amar.
Echo de menos mi casa, aunque todavía no sepa exactamente dónde está. Al final he visto que por mucho recorrer el mundo y saltar de ciudad en ciudad, las cosas que te hacían quedarte pueden desaparecer. Pueden ser naipes. Pueden, un día, simplemente no estar
Por eso ahora busco mi casa en tu hombro. En tu ombligo. En las madrugadas de lluvia. En la espera, supongo.
Busco mi casa en la nieve. Entre las letras. En la poesía. En miles de chorradas que sé bien que nunca me llevarán a casa, pero es que la búsqueda es tan tan tediosa... A veces siento que nunca he parado de correr mientras buscaba. O que mi casa eras tú, pero te has ido. Qué se yo.
Por eso ahora busco mi casa en tu hombro. En tu ombligo. En las madrugadas de lluvia. En la espera, supongo.
Busco mi casa en la nieve. Entre las letras. En la poesía. En miles de chorradas que sé bien que nunca me llevarán a casa, pero es que la búsqueda es tan tan tediosa... A veces siento que nunca he parado de correr mientras buscaba. O que mi casa eras tú, pero te has ido. Qué se yo.
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