Mostrando entradas con la etiqueta de anáforas estridentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta de anáforas estridentes. Mostrar todas las entradas

domingo

Tú me has dicho una y mil veces
que me desvista.
De enfados.
De putadas.
De rencores.
De hambre.
De ti, joder.
Y yo, 
que siempre voy desnudo,
que no tengo más piel que la tuya cuando decides amarme;
cuando me tomas y me dejas,
me tomas y me alejas,
te escribo una y mil veces 
que no he probado mejor sabor que el tuyo para arroparme,
y tú, 
que me has dicho eso de que estoy loco
y que tu voz no es envenenarme, 
y que tu pelo no es atarme a tus entrañas.
y que no tienes nada,
pero nada,
de especial,
desvistes con tus maneras de lujuria mi cordura
cuando te acercas 
y tus labios piden más...
- y yo me doy porque estoy loco... 
y desnudo de mi-

sábado

Tengo los días contados de ti,
todo lo que no dices,
aquello de lo que no hablas,
y que sé que piensas,
porque eres una mujer muy lista.

Tengo el ruido acabado
las conversaciones a oscuras
los susurros a medias.
En mi vida y en mi alma se ha ido la luz de ti.

Tengo los caminos empedrados y a cuestas,
y el tiempo no favorece mi causa.

Tengo tu mirada en el frío,
el hielo en el pecho,
el pecho en el mar de poros que es mi asfixia
y se llama cárcel.

Tengo los coches en llamas,
la ciudad vacía.

Tengo tanto miedo...
Atornillarte a mí,
y lamerte las heridas que surcan tus maneras de esperarme.

Hacer chocar tus huesos.
Tus caderas.
Tus rodillas. 
La curva de tu culo helicoidal que me pierde y marea y joder como me gusta.

Beber de tu alma,
pero también de tu fuego,
y de tus límites,
y del frío que guardan tus lunares.

(Recorrer,
con la lengua,
tus manías)

Inúndame,
pues ya he quedado relegado a tu bolsillo.
Y pronuncia mi nombre
y desliza,
por tu boca, 
mis botones.

Y desviste las cascadas que resuenan por mi cuerpo
y no hablan, 
de otra espera...
que la tuya.

lunes

A mi chica palo.

Me (re)ordenas.
Desenredas las ganas de mi pelo
y desenganchas todo este Amor de entre mis costillas.
Vienes,
me ve y me miras,
y conmigo guerreas contra la infelicidad de mis poros.
Desordenas mis pensamientos
y a la vez me clavas otro tipo de ganas y otro tipo de poesía.
Y joder como quiero oír tu voz por la mañana.
Y que me ates
(sobre todo que me ates)
a esta realidad que tan poco me gusta.
Que me hables 
y susurres
y me quieras,
sanadora.
Que tus brazos me den el aire que me han quitado.
Que vengas y que no tenga que trasnochar su ausencia sola...
Porque para sobrevivirla,
y no pensarla,
ni sentirla,
ni quererla desde lejos,
tú,
has creado el mapa perfecto para luchar en esta guerra.
Para guiar a mis miedos y soldados entre tanta melancolía.
Y tus cuentos...
lo que daría yo por tus cuentos cada noche y cada primavera.
Porque vienes,
me ves y me miras,
y para sobrevivirla en esta guerra
has pisado cada poro de infelicidad de mi cuerpo.
Y tu voz... y esos cuentos...
Me curan.
Cada noche.

miércoles

Nos rebatimos a besos cuántos nos queríamos. Nos decíamos cuánto queríamos amarnos con la piel, con los labios...

Éramos dos huérfanos de Amor desnudos cada noche y cada día, dos huérfanos que nada sabían de contar. Éramos el caos onírico que habita en la vida, consumidos por la insólita valentía de carecer de fronteras para conocer el deseo más profundo del otro.
Éramos un río de sudores que fluían por las sábanas que se habían convertido por fin en nuestro hogar. Teníamos el desorden en la palma de la mano; yo te arañaba la espalda los versos que más tarde te escribiría con la lengua; tú  me recitabas lo que tenía que hacer, lo que tenía que sentir, y me abrazabas cuando, cansada, reposaba la pasión sobre tu boca bebedora de almas. Te pintabas el cuerpo de palabras prohibidas que después me encargaba de borrar con los gemidos que resonaban fuerte en las paredes.
Tenía tanto miedo, pero tanto miedo, amor, cuando desfilaban tus dedos por el abismo de mis muslos y recorrías de mí lo que ni siquiera yo sabia que existía, cuando te comías toda la prisa, todas las ganas, toda mi hambruna de ti y me atravesabas la mirada cansada de hablar para decirme que tú me querias por encima del sonido del mundo, que eras el único loco con la suficiente cordura para pedirle a la noche que se alargara.

Y recuerdo como la noche huyó temblando, y como la despidieron nuestros cuerpos enredados de amor, enredados de ganas, aferrados a la nostalgia de tenernos solo un día, el último día antes de que esta puta guerra estallara y tú te largaras al bando que no era. Y recuerdo las cartas y las promesas, y las lágrimas cuando apreció ese maldito capitán para explicar que no estabas,y me regaló un trozo de tela con una bandera que de nada me serviría para decirte adiós y dejar de echarte de menos.
Y recuerdo como fumabas después de fundirnos, y a que sabías tus labios con mis labios; y recuerdo los espasmos de placer y el calor de tu cuerpo, y tus palabras susurradas con lujuria en el borde de mi oído. Y ahora que no estás me duele el corazón que partió la guerra. Porque yo te quiero por encima del sonido del mundo, de las bombas, del propio Amor.

viernes

Vayámonos de fiesta y no recordemos quiénes somos bailando. Bebamos alcohol, bebamos el miedo para olvidar mañana, y después; y el otro.
Cuando pensemos que es tarde, cojamos el puñetero abrigo y calémonos el frío de la calle invernal en un largo paseo. Pero no volvamos, sería como demostrar en el fondo de nosotros mismo que no estamos hechos para esta mierda. Sería como no meternos la suficiente droga y quedarnos en mitad del orgasmo, intoxicados de ego. Sería como explotar -pero hacia dentro-.

Vayámonos y no admitamos que somos humanos, y como tal, tendemos a reposar en el movimiento continuo de nuestros errores. Que erramos en el juego de vivir culpables con el peso que oprime nuestra espalda. Porque para hacer honor a la maldita verdad, no podemos compincharnos con el tiempo y saludarlo con la mano, y que mañana todo siga igual. Porque la verdad es que hasta la luz que entra por las mañana ha cambiado y no significa lo mismo.

¡Te estoy pidiendo que nos vayamos porque somos unos cobardes con la única opción de huir en ambos sentidos! De huir de nosotros mismo ¿¡lo entiendes ? De dormir para siempre, y que al despertar, estemos ciegos. Para no verles la cara; para no sentir vergüenza.
Te siento lejos aun cuando te desnudas sobre mi. Aun cuando extiendo la mano y puedo rozarte la cara. La piel, que quema. Aun cuando susurras y te puedo escuchar, y me sorprende la proximidad de nuestro pensamiento. Aun cuando el día se duerme y se desliza la vida sobre la pared que pintamos.
Aun cuando es de noche en el Alma.
Aun cuando es mañana.
Aun cuando no estoy pero quiero estar y no puedo.
Te echo de menos cuando el vacío se empeña en sojuzgar tu mirada. Cuando tus palabras ya no hablan de mi, y las invento porque temo ser otra cualquiera a tu lado.
Te echo de menos aun cuando te escondes de mi. Aun cuando callas. Aun cuando lloras toda la pena y todas las ganas. De mi.

lunes

He colgado la droga del manillar de la puerta para que, cuando llames, quedes avisado de quién soy. He dejado toda mi ropa sujetando el umbral para que, cuando la mires, sepas cuánto te encontrarás. He dejado las demás cosas que no importan a los pies de esta cama tan grande, por si antes de acostarte conmigo te da por mirar todas mis ganas, todos mis sueños, cada palabra bonita que no he oído de ti.
Pero te he sentido llegar sin mirar a la puerta, sin pisar la ropa, sin darte cuenta, y te has acurrucado conmigo desudo de escudo, de piel, de ganas. También de mi.
Has cerrado los ojos muy fuerte y te has dejado arropar por mi pelo. Cada espasmo de tu cuerpo me decía que llorabas, pero a mi se me ha olvidado desnudarte la boca, acariciarte la piel. Se me ha olvidado el timbre que tiene tu cuerpo cuando me llama porque me necesita y como suena tu mirada cuando callas para hablarme de ti.
Se me ha olvidado el número de tendones que tensan tu cuerpo cuando estás sobre mi, dentro y fuera; y como tiembla tu anhelo, muy lento. Cuando coges la pistola y me miras, y yo trago saliva, a un minuto de la muerte. Pero cierras los ojos muy fuerte y te dejar arropar por mi pelo. Mi alma se convierte en almohada de tu tristeza y te dejas enredar. Cada espasmo de tu cuerpo me decía que llorabas, porque se me había olvidado quererte también como hombre malo.

viernes

- Dicen que el Amor va por etapas, como cuando te gusta una cosa y al año siguiente ya no. Yo me siento una persona diferente cuando pasa eso. Desde entonces le pongo días a todo lo que escribo.
- ¿Para recordarte a ti mismo?
- Para volver a mí. Para recordar que, aun cambiando, existo. Soy tan raro..
- Tan peculiar. Pero Mario, cambiar... Cambiar no es tener miedo.

martes


Nos convertimos en carcasas blancas que no lloraban, mientras se nos corría la pintura del cuerpo.
Éramos el pueblo que olvidó componer versos. Incluso de Amor. Incluso de Muerte.
Se nos fue agrietando la máscara hasta picarnos la imposibilidad de quitárnosla, y, dominados, rehusamos el derecho de unir nuestras palabras, y enmudecimos. Quietos.
Nuestras manos se negaron a ahuecarse y sostener el agua, y así perdimos toda posibilidad de lavarnos el miedo.
 Jose Manuel Méndez (click)

Éramos seres pintados de blanco muertos de miedo, a la espera de encontrarnos en el otro..y revivir.





domingo

¡Estoy enfadada con el mundo, ¿¡qué pasa!? Pongo de manifiesto aquí y ahora que soy YO quien se encuentra escribiendo y nadie más.
 Pero qué sabrás tú. Para cuando leas esto será ya demasiado tarde, o demasiado temprano, y no querré ninguna de esas dos cosas. Qué sabrás tú... que todavía quemas...
¡Y qué cojones, claro que estoy enfadada! Estoy aquí... sola... Sin saber exactamente dónde es aquí... Sin saber exactamente qué hora es... Qué hacer...
Pero tú... tú estarás en la calle, o paseando, durmiendo, duchándote, peleándote con alguna cosa que crees importante y que n-o l-o e-s. Yo estoy aquí, ¿me escuchas? Aquí, donde puedes encontrarme. ¿Dónde estás tú?


Esto pertenece a: Que te den. Con ganas. Y que te guste.

jueves

Por la chica flor yo sentí:

Revestirme de ti. Ser indulgente cuando mi boca ahoga los gritos en tu boca y nos volvemos Caos. Tantear cada estrecho del mapa que dibujan tus lunares, y parar de mala gana cuando mis uñas rebasan el límite del dolor que gobierna el placer, con el único objetivo de enervar a la simbiosis perfecta de nuestros cuerpos,  de donde ambos sacamos provecho de su vida en común.  Anegar lo que queda del anhelo de ti, del anhelo de mí, y fundirnos, porque el minúsculo oxígeno que oprime nuestros cuerpo se queja, se contrae y exaspera, de la facilidad del Amor.

Observar cuando detienes el tiempo mi jadeo en el aire, y todo nuestro cuerpo, que yace flácido en una cama que no es nuestra.



miércoles

-¿Por qué doblas las esquinas de los libros? ¿Por qué no subrayarlo, pintarlo, marcarlo, escribirlo en otra parte y en cambio sí doblarlo?- preguntaste. Cuan osados somos cuando no intuimos la respuesta-
- Cada vez que leo algo que me llena el alma- te dije- hago una marca y dejo una parte ínfima y remota de mí. Para que cuando vuelva a coger ese libro cualquiera, lo abra por la doblez y lo huela y me reencuentre sin esfuerzo con la palabra que guarda una parte de mí que dejé atrás.

viernes

No puedo imaginarme lo que sientes cuando yo no puedo amarte. Tiene que ser como dejar de respirar durante mucho tiempo. Tanto que ya no solo te duelen los pulmones, sino el corazón y las entrañas y el mundo no va lo suficientemente rápido porque siempre es hoy y no mañana, y que... que soy gilipollas...

Yo te dije que el tiempo curaría las heridas que prometí que te hice sin querer. Pero resulta que es mentira, que el tiempo no transcurre a tanta velocidad si no que se desliza por tu piel jugando a envenenarte con los minutos de la vida que te dije que no podíamos pasar juntos. Pero qué imbécil soy.

Cuánta impotencia debes tener en el alma, joder, y deseos de cambiar hasta el puto color de las paredes por si la vida tiene efecto dominó y cambia también el hecho de no estar conmigo, de que te sientas tan solo en el refugio atómico donde has guardado el recuerdo de la mitad de mi corazón que tuviste que devolver...

Cansado de tanto mirar por las mañanas que no me tienes a tu lado en esa cama tan ancha y que yo siga mi vida ignorando que la tuya se ha caído y que le tienes un miedo atroz a tu propio cuerpo, ahora tan frágil después de que la rabia se cebara con él y te dejara con ganas atroces de amarme y la promesa de que nadie, nadie en la vida, nadie en todo el Universo, en todo este maldito mundo que gira, me podrá amar igual que tú.

martes

Ni hombre ni mujer. Sin sexo, ni cuerpo, ni arrugas, ni voluntad y sin prejuicios. Ser un ser de todo y nada. Decirte guapa y que sonreías, y que no pienses que te quiero comer -que puede ser-
¿Pasa algo por ser mujer?
 Decirte que ayer me levanté y fuiste musa y la sintaxis de tu cuerpo me inspira. Que me pareces maravillosa aunque tengas un cuerpo de mujer que te venga un poco grande. -¿Pasa algo por ser lesbiana?-
Decirte que la fisiología no determina la mecánica estridente del amor, que tu corazón es sinónimo en materia que el mio, que ambos bombean sangre aunque a distinto son. Que no soy diferente a ti y decirte perfecta para mi solo es un dulce pecado.

viernes

"Así funciona la primera ley fundamental de la seducción. Yo te digo que no me leas, y aquí estas.
pero es que si voy a más y te digo que no te interesa nada de lo que te voy a contar, que esto no es para ti y que lo dejes ahora mismo, seguirás atado a estas lineas hasta que las acabes.
Porque si me haces caso y no lo lees, las dudas te asaltarán (¿y si al final decía algo interesante? ¿y si en realidad era para mi? ¿y si no lo era, qué les dice a los demás? ¿y por qué ha considerado que no era para mi?) y serán mucho más dificiles de soportar que el tiempo que tardarás en leerme."