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domingo


Te estoy mirando por una rendija muy pequeñita, que ni siquiera yo sé dónde se encuentra. Pero te veo tumbada en la cama, haciéndote el amor mientras cada poro de tu piel se eriza -y excita- contigo, y se arquea tu movimiento. Mientras tus largas manos, tus níveos brazos, resbalan, sin cuidado, por tu cintura y tu cadera.
Como entreabres tu boca imposible mientras te buscas. Como encuentran mis ojos tus gemidos cuando exploras en el fondo de ti y te derramas por cada centímetro de la cama, y por el suelo y te deslizas por las ventanas.
Veo como sin tregua teme el eco tu voz, mientras tú te hundes en una pasión que solo habla de eso. Mientras con las ganas, con mi mirada, el mundo se va haciendo cada vez más pequeño y adquiere el insólito diámetro del amor perverso.
Y al tiempo que tú perviertes tu voz y tus entrañas, tu mirada, mi mirada, mientra perviertes las ganas, el eco, el amor, la pasión; mientras mancillas las reglas, yo, que estoy sentada, desenredo las piernas y temiéndote me quito el sombrero y me muerdo los labios. Porque ya no eres el objeto pasivo de mi deseo, sino una rendija muy pequeñita que ni siquiera sé dónde se encuentra, pero que veo, y que me gusta, que tiene mi propio cuerpo, que son mis propios brazos.
Gozas de mi mismo nombre, y por lo tanto has dejado de ser un reflejo de la habitación vacía, donde ni siquiera los mueblen amortiguan el ruido.

lunes

He colgado la droga del manillar de la puerta para que, cuando llames, quedes avisado de quién soy. He dejado toda mi ropa sujetando el umbral para que, cuando la mires, sepas cuánto te encontrarás. He dejado las demás cosas que no importan a los pies de esta cama tan grande, por si antes de acostarte conmigo te da por mirar todas mis ganas, todos mis sueños, cada palabra bonita que no he oído de ti.
Pero te he sentido llegar sin mirar a la puerta, sin pisar la ropa, sin darte cuenta, y te has acurrucado conmigo desudo de escudo, de piel, de ganas. También de mi.
Has cerrado los ojos muy fuerte y te has dejado arropar por mi pelo. Cada espasmo de tu cuerpo me decía que llorabas, pero a mi se me ha olvidado desnudarte la boca, acariciarte la piel. Se me ha olvidado el timbre que tiene tu cuerpo cuando me llama porque me necesita y como suena tu mirada cuando callas para hablarme de ti.
Se me ha olvidado el número de tendones que tensan tu cuerpo cuando estás sobre mi, dentro y fuera; y como tiembla tu anhelo, muy lento. Cuando coges la pistola y me miras, y yo trago saliva, a un minuto de la muerte. Pero cierras los ojos muy fuerte y te dejar arropar por mi pelo. Mi alma se convierte en almohada de tu tristeza y te dejas enredar. Cada espasmo de tu cuerpo me decía que llorabas, porque se me había olvidado quererte también como hombre malo.

martes

Mis delgadas líneas luchaban contra toda tu fuerza un poco sin querer, ya que toda su fuerza se había desgastado mientras recorría con la punta de la lengua la línea recta de tu garganta; desembocando en el miedo de un boca que saboreaba mis labios como si fueran miel.
Ni hombre ni mujer. Sin sexo, ni cuerpo, ni arrugas, ni voluntad y sin prejuicios. Ser un ser de todo y nada. Decirte guapa y que sonreías, y que no pienses que te quiero comer -que puede ser-
¿Pasa algo por ser mujer?
 Decirte que ayer me levanté y fuiste musa y la sintaxis de tu cuerpo me inspira. Que me pareces maravillosa aunque tengas un cuerpo de mujer que te venga un poco grande. -¿Pasa algo por ser lesbiana?-
Decirte que la fisiología no determina la mecánica estridente del amor, que tu corazón es sinónimo en materia que el mio, que ambos bombean sangre aunque a distinto son. Que no soy diferente a ti y decirte perfecta para mi solo es un dulce pecado.

jueves

No fumes.
Pero a mi me gusta fumar y llevarte la contraria, por eso cojo otro cigarrillo y lo mancho con el rojo de mis labios y clavo la mirada en la ventana y taladro las gotas y no me fijo en los enamorados que corren a refugiarse.
Inspiro y expiro al tiempo que mis labios disparan un suspiro de humo directo a mis pulmones.

Vaan me mira impresionada cuando me levanto y dejo algo de dinero junto al papel que marca la cuenta. Me sigue, aunque yo ya le he dicho que no necesito que me vigilen.
- ¿Quieres?
Me rechaza.
- El tabaco nunca ha sido lo mío- dice.
Lo mío tampoco, pero he escuchado que es otra forma de jugar. Me gusta llevarle la contraria a la Errante y qué coño, también a mí misma.

Como llueve.
Me escondo en un paragüas rojo putón con la mirada molesta de Vaan pegada al culo, enfadada supongo por no dejarle un hueco. Aunque Vaan no es de esas. Tampoco es de vigilar pero tiene que hacerlo.

¿Cómo decía ella? Camino como si quisiera taladrar el Universo. La gente se gira y yo los miro de reojo. Joder con aquel hombre.