martes

Los matices de Kath (II)

Reí con Kath y ella hizo lo mismo conmigo.
Había veces en las que Kath explotaba de amor y creaba ondas expansivas a su alrededor. Entonces era cuando en sus ojos se podía leer la necesidad y la lujuria mejor que nunca.
En cierto modo yo siempre he creído que el interior de Kath es un enorme planeta que explota y se expande hasta crearse a sí mismo y que esto afecta a las acciones de la carcasa con forma de mujer que lleva por fuera, como si realmente hubiera un interruptor en su interior que solo se accionara con cierta palabras y algunas caricias, y quizás mil besos. Cuando explotaba yo corría para aprovechar la oportunidad de hacerla mía. Y entonces Kath madura en medio segundo escaso, para darte y quitarte el placer a mordiscos, de esos que te hacen necesitar cada átomo del cuerpo de la otra persona hasta hacerla tuya y tener la certeza de que si debe morir en algún lado, tendrá que ser en tus brazos.
Sus besos con los que siempre me han vuelto realmente loca. Esos que te vacían y llenan de necesidad y amor a un mismo tiempo, que sabes que te dejarán incompleta si se marchan y por eso los retienes contigo.
Aun así todavía no logro explicar todo con lo que Kath es capaz de llenarme. Aunque en realidad no importa, porque cuando me levanto cada mañana ya no tengo que preocuparme por buscar la mitad que le falta a toda persona y que hace preguntarte quién eres. Es saber que ella estará cuando despierte.

- Estás loca, princesa. Pero como te viene de fábrica, te lo perdono.-añado en tono condescendiente y entre risas, mientras ella, la chica de los ojos verdes, me saca la lengua y me ofrece su mejor mueca.

Amar a Kath es como querer a una bomba de relojería  que marcha dos minutos exactos, el tiempo que siempre he creído que hace falta para que su personalidad de chica extraña te golpee. A veces es el torbellino chillón de sus colores el que te asusta y te hace salir corriendo; pero otras, y eso justo lo que me pasó a mí, te arrastra hasta el límite de la cordura y entonces Kath te besa. Y ya está, es ahí cuando algo en tu corazón se activa: ya sabes que estás perdidamente enamorada de ella.
A partir de ese momento solo encuentras una sucesión de días infinitos en los que tu vista se aclara poco a poco para ofrecerte una interminable gama de colores. Si eres buena, si lo comprendes como yo lo he hecho y como Kath lo hizo, estos colores te envuelven y se convierten en una parte de tu vida que llegas a necesitar para respirar. Y simplemente seguir, es entonces mucho más fácil.


1 comentario:

Nelly dijo...

Precioso texto.
Me gusta Kath :)