Mostrando entradas con la etiqueta de que me duele el corazón y no tengo manera de arreglarlo. Mostrar todas las entradas
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domingo

Maldito el día que te amé.
Malditos los lugares que me llevaron a amarte.
Maldito el café.
La sed.
Las ganas.
Los bares.
La cerveza.
Tus medias.
Mi mirada. 
Maldito el día del desamor
y bendito el del olvido.
Si es que existe.
Si es que en mi alma queda algo más que invierno.

miércoles

Decreto la cuarentena en mi alma
- si esto alguna vez fue posible-.
Abogo por el insomnio de día
y el sueño de noche,
lo que significa,
más bien, 
ir invirtiendo tus delirios.
Impugno el toque de queda
a los susurros
y a las cascadas
y a todas las cárceles que hablen de ti.
Que me abrace el frío
- si es que existe-
y la mentira esa de que vivir sin dirección, 
en fin,
nos lleva a alguna parte.

Me desautorizo en el hecho de amar.

martes

Me miran tus ojos de paisaje y de luz,
mientras me sostengo en la noche.
Gotas de rocío dibujan los lunares
que en carrera se deslizan por tu cuerpo.
Mi alma no puede contenerte; 
el amor desploma al cuerpo vacío 
y me hundo en la arena.
Paso los días buscando las huellas de tu aroma
en los confines de mi misma;
para amanecer sedienta,
para romper el ordenado envase que me envuelve 
y no encuentra tu luz
El amor no puede contenernos. 
Largos y vastos días se agrietan en tu piel mientras te inspiro,
y tu cascada de ondas negras riega mi anhelo de tí.
Al anochecer, 
desbordo pensamientos en los mapas que me guían,
derramando carmesí sobre mis penas,
recordando la caricia que has dejado atrás.


domingo

Para mí los poemas eran llenar de versos el vacío.
Pero llegaste tú
y llegó tu sombra,
y no supe donde coño guardar tanto invierno.

jueves

Sentí tanto dolor y tanta angustia, me sentí tan pequeña en aquel momento, tan poca cosa, tan inútil, tan culpable... Noté como cada parte de mi corazón se encogía poquito a poco y yo lloraba y lloraba y la queria y quería, aun más, siempre más. Y colgamos. Y no supe que era para siempre, definitivo, que era el Adiós. No supe que no habría más llamadas, ni más te quieros ni bromas por las noches, ni tostadas quemadas.
Y ahora que lo sé..ahora que lo sé me siento perdida. Y cada día la echo más de menos.

lunes

Ya no importa. 
Queremos cosas diferentes. 


sábado

Déjame dolerme
y hacer opaco el espejo que cubre nuestra desnudez.
Déjame separarme de ti
que necesito exhalar la vida.
Déjame acostada en la cama adjetivada en soledad,
sin ropa, que me entre el frío,
herida, que se me escape la sangre,
y la vida
y el miedo.

domingo

¡Estoy enfadada con el mundo, ¿¡qué pasa!? Pongo de manifiesto aquí y ahora que soy YO quien se encuentra escribiendo y nadie más.
 Pero qué sabrás tú. Para cuando leas esto será ya demasiado tarde, o demasiado temprano, y no querré ninguna de esas dos cosas. Qué sabrás tú... que todavía quemas...
¡Y qué cojones, claro que estoy enfadada! Estoy aquí... sola... Sin saber exactamente dónde es aquí... Sin saber exactamente qué hora es... Qué hacer...
Pero tú... tú estarás en la calle, o paseando, durmiendo, duchándote, peleándote con alguna cosa que crees importante y que n-o l-o e-s. Yo estoy aquí, ¿me escuchas? Aquí, donde puedes encontrarme. ¿Dónde estás tú?


Esto pertenece a: Que te den. Con ganas. Y que te guste.

jueves

No me apetece estar fuera.
No me apetece mojarme.
Creo que ya te he esperado demasiado,
aunque no supiera que significaba realmente.

Todo esto parece una mala traducción 
de esas canciones en inglés que siempre escuchas,
que tanto te gustan.

No me apetece aparecer, 
pare que cuando despiertes digas basta, 
y tenga que volver a irme.
Deba irme.

Así que no me voy a mojar nunca más, 
pues fuera hace frío.
Fuera de ti.

Así que voy a cerrar los ojos un segundo.
Pues fuera hace frío.
Fuera de ti.

Todo esto parece una mala traducción 
de esas canciones en inglés que siempre escuchas,
que tanto te gustan.

Pero a mí no me oyes.
Y fuera llueve y hace frío.
Fuera de ti.

sábado

Haz clik

Quién le robará el tiempo a mi Musa, que se me escapa entre los dedos...
Quién es tan osado que me la quita y me abandona, y el vacío se me instala en el pecho.
Quién le ha robado el camino de vuelta a casa, quién le ha hecho olvidar las flores, las canciones, las promesas de que siempre volverá...


martes

Se me rompe el puto corazón cuando te echo de menos y me viene al cuerpo la fuerza con la que me abrazas cuando duermo de costado a tu lado. Y me duele el corazón y las entrañas, y la piel y los recuerdos y la nostalgia y el mismo Amor, tan cabrón. Porque es tan propio de él, tan propio...

domingo

Me decanté por el vaivén que me llevaba a ti sin saber a qué te referías cuando me explicabas que me amabas, y me decías que querías llevarme presa muy hondo, entre la piel y la nostalgia, entre las ganas. 

Hoy es domingo. Pero no puedo escribir.

sábado

Era como un punto a la deriva. Repiqueteaba en mi puerta y me llamaba para que le dijera algo bonito porque él pensaba que ya era hora. A mí solo me salían cosas raras, que no acababan, que no empezaban, que no tenían medio. 
Yo me preguntaba si esa palabra existía. El corrector me la marcaba en rojo con líneas como dientes, que agujereaban mi ego. Subían y bajaban diminutas ellas, y a cada palabra a mí me costaba avanzar. 
Lo leía todo una y otra vez. Desconozco el motivo. Pero sé que cuando veía el cuadro blanco, me daba vértigo y tendía con obsesión prematura a decorarlo con esas frases que no te dicen nada ni siquiera entre líneas. No me preocupaba que sonara bien. No me preocupaba su extensión. No me preocupaba cuánto espacio tenía realmente ese cuadro, pues su blanco, y por tanto su silencio, era absurdamente extenso. 
Dos palabras tenían colmillos. Me imaginé como mi ego se desinflaba como un globo, del todo por fin, y le decía a mi autoestima que ella era  la siguiente.
De un balazo apunté a mi musa, me dije. En ese momento pensé muchas tonterías. Como por qué seguía teniendo colmillos aquel maldito vocablo.
 Retomé la filosofía de las palabras, y volví a pensar si las desconocía. 

lunes

Tengo que reconocer que empecé a quererte tarde, a darme cuenta de que existías a trozos, porque yo, que no soy más que una cría con un extraño don para la palabra escrita, estaba sumergida en ese liquido anestésico que viene de vez en cuando con la vida, con la incomprensión de los 16 años ya viviendo, con la carrera de mis propios sueños por llegar a lo más alto.
Tardé en comprender que nunca existirán dioses invencibles, humanos con los que la enfermedad no juegue como muñecos de trapo. Tardé en ver que tus venas se han convertido en una carrera con peligro y dos únicos finales, que tienes baches en cada poro de piel que piso, que se te ha marchitado la voz, las entrañas, la tristeza, la nostalgia y también aquella maldita alegría que te abandonó un día y ahora no encuentras, que te dejó solo con una noticia que te cogió muy dentro, por sorpresa, con aquel sutil ánimo de ofender que viene con la desdicha.
Eres un esbozo de ti mismo en primera persona mientras otros se mienten, se dicen que falta poco, que todo va lento y nadie se da cuenta de que tienes la mirada triste y cansada, que tienes cicatrices de pensar, qué coño, esta es la última, y de repetirte mil veces cualquier despedida con nombre de mujer e hijas, de familia, de Sol y Luna, de vida, maldita bastarda.
Querido yo-porque lo soy, porque a mi también me recorrerá el veneno algún día, porque yo también me miraré en el espejo y me dolerá el corazón, y cuando me enfrente a mi imagen no tendré más cojones que preguntarme en qué calle de la vida me perdí que no me reconozco, que ya no sé que llevo ni dentro ni fuera, que las risas las oigo de fondo y el dolor a la izquierda del pecho, que respiro el aire enrarecido que me sale de dentro- te quiero.


Mucho antes de que el cáncer se despidiera de tí. Y lo que me arrepiento de no habértelo enseñado nunca.