sábado

El amor es una putada. Nos empeñamos en querer a personas que no nos quieren y en amar a otras que, luego, nos abandonan. O que nosotros abandonamos.
Recorremos grandes caminos por ellos, nos ilusionamos, damos y a veces recibimos. Tapamos sus miedos con los nuestros y ellos cubren nuestros errores con caricias.
El amor es buscar un compañero que nos complemente mientras tratamos de completarnos a nosotros mismos. El amor es una putada porque el proceso de vernos es infinito y a veces ni siquiera ocurre.
Yo creo que hemos llorado más por amor que por ninguna otra cosa y aún hoy no sé distinguir si eso es bueno o es malo.
Quiero decir que el amor es una putada, de las grandes, de las que nunca olvides porque siempre las llevas a cuestas y maldito el peso ¡joder! y las despedidas... Pero hay algo inexplicable en su funcionamiento que nos invita a aferrarnos a sus labios como tontos. Y cuando abrimos los ojos estamos en el mismo sitio del que nos marchamos, sin importar la caída.
El amor es una putada y una caída, y un ataque de risa y una palabra en el momento justo y una sonrisa y dolor y lágrimas y despedidas.
El problema del amor, sin duda, es lo frágiles que nos sentimos cuando nos aman - a ciencia cierta no sabría decir cuál de los dos casos es el peor, si el amor o el desamor. Cuando, sin darnos cuenta, hemos entregado más de lo debido y miramos expectantes las manos del otro, intentando deducir cuánto daño nos hará.
A veces, lo jodido del amor es que no es una elección, que no existen momentos adecuados en los que dar o recibir, porque simplemente ocurre.