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miércoles

Anoche atrapé la mirada de una mujer.
Mientras la desnudaba,
con las luces de los faros de los coches apuntando a mi ventana
-y a su cuerpo-
supe que no era tú.
Que para ser tú,
debería tener otro nombre
y otra sonrisa,
y que en el fondo no importara ninguna de las dos cosas.
Debería haber sido su contacto chispas
o fuego,
como eras tú,
y no un mar en calma.
Deberían haber sido sus cabellos laberintos de noche sobre mi almohada
y no un bosque,
todo de troncos pétreos.
Pero me conformo.
Dios sabe que me conformo mientras te espero,
sentado al alba,
preguntándome dónde estarás.

sábado

No sé necesitarte.
Sé marcharme,
coger un tren
y no volver a verte.

Pero necesitarte me da un miedo atroz. 
Me entra el pánico.
Me ahoga la sensación de no saber vivir sin ti,
y buscarte de reojo entre la gente sin querer,
sabiendo que no estás;
porque yo te he echado. 

No sé necesitarte,
ver que en el otro lado de la cama cabe la posibilidad de que no esté vacía pero que lo esté
por...
no sé,
por una decisión estúpida. 
Un miedo atroz a perderte si me pierdo 
y que me digas: ya no eres el mismo,
cómo si a mi no me doliera lo suficiente no ser lo que era. 
Necesitar tus palabras más de las que necesito las mías,
y que por cada calle que pase recuerde 
las flores,
los poemas,
las conversaciones,
y todo sea
una 
maldita
espiral 
de 
angustia.

Que no haya nada de mi sin ti
porque tú te lo hayas llevado
y cada cosa que he construido no exista
y lo poco que quede,
quede,
porque tú has decidido que así sea
y yo siga a tu total merced. 

Necesitarte más de lo que me necesito a mi mismo,
añorar cosas que no sabía que existieran,
como lo que me enseñaste
de quererme a mi primero.

No sé necesitarte.
Porque hacerlo sería que estuvieras en todas las partes de toda mi alma
y que siempre dolieras.  

lunes

A veces, cuando llueve, siento llorar mi cuerpo. Siento la sed y las ganas, y siento el amor y la pena. Y todo se junta, y se desborda y yo me ahogo porque nunca aprendí a nadar antes de ti.
Todas las noches que perdí contigo,
no son ni la mitad de las que deseé encontrarte.
Ni las que pasé,
muerto de asfixia,
por no poder beber de ti.

domingo

Tengo miedo.
Sobre todo de las mañanas en las que no dormimos juntas
y despierto de noche,
y tengo que soñarte cada minuto del día
una
y otra
y otra vez.

 Sobre todo de este invierno que me pesa en la mirada
y este navegar sin nombre que me aisla.
Del:
No entiendo qué es Amor si no es contigo
ni lo de resurgir desde mi Alma.

Tengo sed.
Sed de ganas de valentía para decirte que tengo sed,
que llevo mucho tiempo sedienta en un desierto donde nunca ha llovido desde que tú lo abandonaste.
Del:
No entiendo qué es Amor si no es contigo
ni eso de despertar cada mañana.

No entiendo qué es Amor si no es contigo
ni aquello de curarme
ni eso de seguir
ni lo de no esperarte nunca más.
Ni aquello de dormir por las mañanas

ni eso de atardecer sobre tu cuerpo…

jueves

Tengo sed; pero creo que lo único que he aprendido es a llegar tarde a todos los lugares donde me necesitaban. 
Creo que he sido un poco idiota por no correr lo suficiente, y un poco imbécil por no escuchar lo que decías. 
Soy esa clase de persona impuntual en los momentos importantes, la que no lleva nunca reloj, ni consejos a la espalda para saber qué no decir cuando es evidente que no debo hacerlo. 
No tengo estrategia de vida, ni estrategia de miradas, ni estrategia de personas. Considero que tampoco tengo camino, pero que el invierno es demasiado frío para quedarse parado.
He aprendido a llegar tarde porque era el método más sencillo para llegar, o quizás, porque no sé hacerlo de otra forma. 
Soy de los que no saben llorar si derramar lágrimas va de uno mismo, ni de belleza si el subconsciente no le habla. Soy un tanto banal en las conversaciones, porque creo que me asusta conocerme. 
Sí, creo que he sido un poco idiota. Que llevo toda la vida siendo un jodido imbécil impuntual. 
No soy viejo, ni sabio, ni poeta, ni escritor. No supe saltar el perímetro cuando dijiste ven.
Tengo un miedo acojonante a la vida, ahora que debo andarla solo. Ahora que cada día es invierno en mis fantasmas y no conozco otra poesía que esos vestidos que chorrean atención y no son tú. 
Tengo sed, ahora que es desierto en todas partes y no sé hablar dermografía. 
Tengo en la asfixia enquistadas todas las putas palabras que me has gritado en todas esas jodidas peleas donde no sabía en que lugar esconderme para respirar. Y es ahora cuando me falta el agua, y el aire, y me sobra la sed. 
He aprendido ha ser un tonto impuntual, pero también a robar los mapas que cruzan los caminos enredados en tu pelo. Aunque eso sí, un poco tarde. 

martes

"El egoísmo es otra forma de ego"

Hoy me he despertado con las ganas que me dejaste anoche. 
Me he levantado, y he ido a buscarte. 
He recorrido más ciudad de la que existe y he tomado más alcohol del que he podido. 
Me he convertido en harapo por ti, 
y eso que dije que no lo haría por nadie. 
He pisado mis escombros y he llegado tarde y no he cogido ese tren. Como siempre. Te he visto marcharte. 
"Guerrear contigo ahora es lo mismo que luchar antes con tu ausencia"
Y me he dado cuenta de que todos los semáforos andaban en rojo mientras yo te recorría. 
Cada espasmo es hablar sobre cuánto me has dolido, sobre qué es sobrevivirte, sobre que no son cuando les miro...
"Cuando me rozas, más que matarme, me haces la vida.."

domingo

Para mí los poemas eran llenar de versos el vacío.
Pero llegaste tú
y llegó tu sombra,
y no supe donde coño guardar tanto invierno.

lunes

"Quiero cantarte lo que hacen tus versos con mis sonidos."
Y yo me dejé cantar para ir a buscarte.
Y he recorrido cada ventana donde dejamos nuestros besos.
Y he visto el amanecer por la mañana,
y he consultado el mapa de tus piernas,
y he seguido tus pistas,
 y tus lunares.
Me he confundido con la lluvia mientras buscaba tu nombre y tu presencia,
y se me ha empapado el alma de tu recuerdo.
(Luego me llegó la muerte)
y al ver que no venías me he dejado escurrir por debajo de las faldas de alguna fulana.
Me he dejado devorar por la última cama donde desnudé tu nombre 
y jamás he vuelto a tocar el agua,
ni a calmar mi sed de ti.
He vomitado todos los poemas que contenían tu cuerpo
y he probado otros labios, 
y otros cuellos,
para estar seguro de que no vendrías.
Y a todas las calles les he prohibido susurrar tu nombre 
mientras yo camine por mi tristeza y mis escombros.
Le he prohibido al viento desperdiciar tu aroma, 
y a mi deseo desear que se acabe tu ausencia 
y que conviertas de nuevo mi boca en tu almohada. 
Que me recorras las entrañas con las puntas de los dedos,
e imaginar de qué color serán tus mejillas.
(Luego vino la muerte)
y como un loco comencé a surcar los bares y los hielos de las copas solitarias que nos pasábamos con las lenguas afiladas de tanto Amor.
Y navegué los martes que no saben de mi existencia si no voy contigo,
y las bombillas apagadas que nos espiaron haciendo el amor.
Me he mudado de casa;
y he cambiado de piel.
Y no te he encontrado.
Ni en el bar,
ni en las cervezas,
ni en las fulanas.
No te he encontrado en otros cuerpos,
ni en otros nombres.
Ni en el paisaje.
Ni en el despiste.
Ni siquiera en la avaricia.
No te he encontrado ni en el "casi" ni en el "hasta nunca"
y mira que te he buscado en cada frase.
No te he encontrado.
Y la desesperación preguntó por tu nombre y yo la remití a mi olvido.
(Luego vino la muerte),
y tus te quiero los vertí en otro escote.
(Luego vino la muerte,)
pero yo ya me había ido.

sábado

Y lo que surja
me dijiste
que como si no tuvieras sed
y no pudiéramos llovernos la boca.

viernes

Vengo a deslizar lo imprudente
sobre tu cuerpo,
como si estuvieras en mi cama.

A afilar mis letras, y 
el revés de mis pecados,
y a escurrirme en los labios
rojo amor de tus mejillas.
A enredarme en las medias 
que visten tus piernas en cascada,
 y el mar de tu pelo, 
y tus ojos 
de fiera imprudente enamorada.

Vengo a que me devuelvas la voz, 
que se me descorre la tinta.

Que me empuje hacia ti tu inercia de ser quien eres
y se vuelen los bostezos
bajo mis curvas femeninas.

Porque he vivido sin ti menos de un segundo,
y en el desierto caótico de mi vida,
ya tiemblo,
y te echo de menos,
y mis manos sacuden tu nombre.

Vengo a vengarme*
por todas las veces que he mezclado los conceptos
y te he desquerido sin quererlo,
a vengarme, para seguir muriendo*,
al fondo de ti.
Que me ahogo en el caos de mi propio mundo
pensando en la posibilidad 
de y otros cuerpos,
de y otras voces,
otras formas, 
otro Amor, amor.

Porque he vivido sin ti
menos de lo que necesitaba 
para llenar de ganas
los vacíos que dejaron tus ausencias.

(Porque nunca podré escribir todo lo que te quiero)

Vengo a vengarme de que de me tengas presa,
de tanto morir.




*Partes tomadas prestadas del fabuloso poema de Sara Buho, Vengo a vengarme

martes

Si me he de escurrir por tu cuerpo, si he de anegar tu boca con mi boca, llenarte de besos, pintarte, devorarte -y en definitiva, hacerte mía-. 
Si he de jugar con tus manos por debajo de la mesa para que nadie nos encuentre, si he de huir cuando nos vemos, o cerrar los ojos cuando pases -si he de amarte a escondidas y eso hace que el invierno se encienda- 
Si tengo que implosionar, entonces implosionaré solo contigo. Y me morderé la lengua si tú me lo pides y me atragantaré con los gemidos que provocan sed de ti. 
Y si tengo que perderme, que sea cuando te imagino. Y si tengo que enfrentarme, que sea con mi maldito atrevimiento. Si es que noto la distancia en el pecho, Marlene... 
Seré filósofo si me pides que lo sea, o  mago, o actor, incluso funambulista -aunque solo sea de las líneas que unen las constelaciones de tu espalda-.
 Seré lo que quieras que sea, Marlene, lo que quieras. Y me perderé en ti aunque ya esté remotamente perdido. Y disiparé las dudas y lucharé contra... contra... ¡yo qué sé contra qué lucharía si soy yo el monstruo que te acecha y te devora las ganas!
Prometeré cualquier cosa que todavía no le hayan prometido los tontos enamorados a la Luna. 
Pero si te vas mañana, Marlene... si te vas mañana me volveré loco ¿lo entiendes? Más loco si cabe. Si te vas yo.. yo.. yo te haré mía para siempre. Sí, así será. Serás en el rincón de mi alma que siempre te ha esperado y jamás podré librarme de ti ni tú de mí. Y te besaré en el sitio justo, en el momento justo, justamente como tú quieres, y cuando te marches... entonces Marlene... entonces tendrás que volver porque estarás completamente enamorada de mí. Porque seré el único que te habrá arañado el alma. Porque soy el único que no podría vivir sin tus maneras...

miércoles

Nos rebatimos a besos cuántos nos queríamos. Nos decíamos cuánto queríamos amarnos con la piel, con los labios...

Éramos dos huérfanos de Amor desnudos cada noche y cada día, dos huérfanos que nada sabían de contar. Éramos el caos onírico que habita en la vida, consumidos por la insólita valentía de carecer de fronteras para conocer el deseo más profundo del otro.
Éramos un río de sudores que fluían por las sábanas que se habían convertido por fin en nuestro hogar. Teníamos el desorden en la palma de la mano; yo te arañaba la espalda los versos que más tarde te escribiría con la lengua; tú  me recitabas lo que tenía que hacer, lo que tenía que sentir, y me abrazabas cuando, cansada, reposaba la pasión sobre tu boca bebedora de almas. Te pintabas el cuerpo de palabras prohibidas que después me encargaba de borrar con los gemidos que resonaban fuerte en las paredes.
Tenía tanto miedo, pero tanto miedo, amor, cuando desfilaban tus dedos por el abismo de mis muslos y recorrías de mí lo que ni siquiera yo sabia que existía, cuando te comías toda la prisa, todas las ganas, toda mi hambruna de ti y me atravesabas la mirada cansada de hablar para decirme que tú me querias por encima del sonido del mundo, que eras el único loco con la suficiente cordura para pedirle a la noche que se alargara.

Y recuerdo como la noche huyó temblando, y como la despidieron nuestros cuerpos enredados de amor, enredados de ganas, aferrados a la nostalgia de tenernos solo un día, el último día antes de que esta puta guerra estallara y tú te largaras al bando que no era. Y recuerdo las cartas y las promesas, y las lágrimas cuando apreció ese maldito capitán para explicar que no estabas,y me regaló un trozo de tela con una bandera que de nada me serviría para decirte adiós y dejar de echarte de menos.
Y recuerdo como fumabas después de fundirnos, y a que sabías tus labios con mis labios; y recuerdo los espasmos de placer y el calor de tu cuerpo, y tus palabras susurradas con lujuria en el borde de mi oído. Y ahora que no estás me duele el corazón que partió la guerra. Porque yo te quiero por encima del sonido del mundo, de las bombas, del propio Amor.

viernes

Te siento lejos aun cuando te desnudas sobre mi. Aun cuando extiendo la mano y puedo rozarte la cara. La piel, que quema. Aun cuando susurras y te puedo escuchar, y me sorprende la proximidad de nuestro pensamiento. Aun cuando el día se duerme y se desliza la vida sobre la pared que pintamos.
Aun cuando es de noche en el Alma.
Aun cuando es mañana.
Aun cuando no estoy pero quiero estar y no puedo.
Te echo de menos cuando el vacío se empeña en sojuzgar tu mirada. Cuando tus palabras ya no hablan de mi, y las invento porque temo ser otra cualquiera a tu lado.
Te echo de menos aun cuando te escondes de mi. Aun cuando callas. Aun cuando lloras toda la pena y todas las ganas. De mi.

jueves

No me apetece estar fuera.
No me apetece mojarme.
Creo que ya te he esperado demasiado,
aunque no supiera que significaba realmente.

Todo esto parece una mala traducción 
de esas canciones en inglés que siempre escuchas,
que tanto te gustan.

No me apetece aparecer, 
pare que cuando despiertes digas basta, 
y tenga que volver a irme.
Deba irme.

Así que no me voy a mojar nunca más, 
pues fuera hace frío.
Fuera de ti.

Así que voy a cerrar los ojos un segundo.
Pues fuera hace frío.
Fuera de ti.

Todo esto parece una mala traducción 
de esas canciones en inglés que siempre escuchas,
que tanto te gustan.

Pero a mí no me oyes.
Y fuera llueve y hace frío.
Fuera de ti.
Por la chica flor yo sentí:

Revestirme de ti. Ser indulgente cuando mi boca ahoga los gritos en tu boca y nos volvemos Caos. Tantear cada estrecho del mapa que dibujan tus lunares, y parar de mala gana cuando mis uñas rebasan el límite del dolor que gobierna el placer, con el único objetivo de enervar a la simbiosis perfecta de nuestros cuerpos,  de donde ambos sacamos provecho de su vida en común.  Anegar lo que queda del anhelo de ti, del anhelo de mí, y fundirnos, porque el minúsculo oxígeno que oprime nuestros cuerpo se queja, se contrae y exaspera, de la facilidad del Amor.

Observar cuando detienes el tiempo mi jadeo en el aire, y todo nuestro cuerpo, que yace flácido en una cama que no es nuestra.



martes

Mis delgadas líneas luchaban contra toda tu fuerza un poco sin querer, ya que toda su fuerza se había desgastado mientras recorría con la punta de la lengua la línea recta de tu garganta; desembocando en el miedo de un boca que saboreaba mis labios como si fueran miel.

sábado

Reactívame el cuerpo. Inúndame de besos mi sexo y hazme sonreír.
Quiero estremecerme.
Retransmite mis gemidos anafóricos por cada enclave de tu pecho.
Bésame.
No quiero abandonar tu soledad de caballero perdido, así que haz acrobacias por mi piel como si yo en el fondo no te diera miedo y mi jodido atrevimiento -muérdeme- fuera el éxtasis de una vida juntos.
Rómpeme. Rómpeme tú porque luego lo hará otro y prefiero tus brazos, tu inexistencia ahora que ya estoy enamorada. Y el saber que no estás endúlzalo con tu saliva.
Miénteme entonces. Pero miénteme bien.