jueves

Tengo sed; pero creo que lo único que he aprendido es a llegar tarde a todos los lugares donde me necesitaban. 
Creo que he sido un poco idiota por no correr lo suficiente, y un poco imbécil por no escuchar lo que decías. 
Soy esa clase de persona impuntual en los momentos importantes, la que no lleva nunca reloj, ni consejos a la espalda para saber qué no decir cuando es evidente que no debo hacerlo. 
No tengo estrategia de vida, ni estrategia de miradas, ni estrategia de personas. Considero que tampoco tengo camino, pero que el invierno es demasiado frío para quedarse parado.
He aprendido a llegar tarde porque era el método más sencillo para llegar, o quizás, porque no sé hacerlo de otra forma. 
Soy de los que no saben llorar si derramar lágrimas va de uno mismo, ni de belleza si el subconsciente no le habla. Soy un tanto banal en las conversaciones, porque creo que me asusta conocerme. 
Sí, creo que he sido un poco idiota. Que llevo toda la vida siendo un jodido imbécil impuntual. 
No soy viejo, ni sabio, ni poeta, ni escritor. No supe saltar el perímetro cuando dijiste ven.
Tengo un miedo acojonante a la vida, ahora que debo andarla solo. Ahora que cada día es invierno en mis fantasmas y no conozco otra poesía que esos vestidos que chorrean atención y no son tú. 
Tengo sed, ahora que es desierto en todas partes y no sé hablar dermografía. 
Tengo en la asfixia enquistadas todas las putas palabras que me has gritado en todas esas jodidas peleas donde no sabía en que lugar esconderme para respirar. Y es ahora cuando me falta el agua, y el aire, y me sobra la sed. 
He aprendido ha ser un tonto impuntual, pero también a robar los mapas que cruzan los caminos enredados en tu pelo. Aunque eso sí, un poco tarde. 

3 comentarios:

Gabriel Montesinos Alonso dijo...

BRA-vo.

RECOMENZAR dijo...

Es un placer haberte encontrado Tu escribes muy bien

carmeloti dijo...

Me comería esas estrelas contigo... solo porque compartieramos ese ser impuntual en los momentos más importantes, ese vacio que produce la nada, esa nada que da sed, y cuando la consuelas tienes aún más frio.

Yo fui la que grite a otro ser que no me veía, la que supliqué... y ahora que paree querer volver se me congeló la voz, se pudrío el corazón, y mi mente, mi cuerpo y mi alma están desconectadas