jueves


Yo ya estaba loca cuando entré en el bar y volví a salir, cuando no pasaba el tiempo entre una acción y otra y todo iba seguido, veloz, a la deriva de las voces y aquellas pesadillas diurnas que de puro miedo no me dejaban ni siquiera gritar.
El mismo día que llegué al manicomio, Cristina me sonreía del brazo de Andrés. Más tarde me llegaría una invitación de boda junto a una nota que rezaba: Ojalá estuvieras aquí. Te echaré de menos. Cristina.
Me despidieron en la puerta. Comprendí que desde la primera vez que la vi hasta la última no había pasado tanto tiempo, que yo siempre había estado ciega y que mi único monstruo había sido yo misma, por idiota y crédula.

Hay veces que sueño con ella y ya no tengo que preguntarme siquiera quién me condujo hacia aquí.
La última imagen que tengo de Cristina fue su sonrisa hipócrita y su mirada, que de alguna manera me pedía perdón, como si sus ojos fueran ajenos al horrible ser que era la carcasa de mujer en la que su alma estaba metida, supongo que también corrupta.
Todavía recuerdo algunas de sus palabras, algunas que no dolieron, porque cuando Cristina hablaba disparaba veneno, uno mortal que te hacía pequeñita e invisible y no te curaba de nada.
Ahora sé que esperaba que la gente comprendiera sus errores y que de alguna forma le dieran una pausa para que así pudiera creer que se detendrían a esperarla, que dejaría de haber dolor durante un instante porque ella también había sufrido, no sé cómo ni en qué entonces, pero siempre estuvo rota y a mí algo me decía que tenía que recomponerla, aunque finalmente la locura de Cristina me llevara primero.
Ojalá, al principio de toda mi historia, un tercero hubiera llegado un segundo antes para decirme que los malos en la vida real nunca acaban mal, y que Cristina, mi mejor amiga, mi confidente, mi salvavidas, era la peor.



FIN 

2 comentarios:

Nerea Riveiro dijo...

Siempre para, en algún momento de la vida, que quien en más confias y quieres... te falla. Pero son cosas que hay que sufrir y seguir adelante. ¡Un besazo! :)

Javier dijo...

Por eso lo más prudente es no tener amigos.