sábado

Fue curioso. Nos aferramos a cosas a las que nunca debimos aferrarnos, nos atamos con cadenas, nos atrapamos en jaulas de oro por nuestra propia voluntad, necias, locas, ciegas de rabia e importencia y mucha tristeza, porque a eso era a lo que más temíamos, a la tristeza, que se nos había incrustado en el fondo del corazón y se negaba a salir. Ahora sé que ni la mejor espada, ni el arma más potente, hubiera podido arrancarnos tanta amargura del pecho

3 comentarios:

Nelly dijo...

Y es curiosos cómo esos sentimientos aparecen una y otra vez
Un Beso :)

cinco letras dijo...

Es cierto. Nunca escarmentamos, no aprendemos. Lo tenemos en cuenta cada vez que va a ocurrir, pero sin más...acaba ocurriendo. Estúpidas, demasiado.

Angustia a Medianoche dijo...

Siempre ocurre lo mismo. Nos volvemos ciegos. No queremos afrontar que las cosas no son como que nos gustaría que fuesen. Pero no importa, seguimos luchando por un imposible, por algo que sabemos que no sucederá... ¿Y cómo terminamos? Como siempre, llorando e intentando recomponer las piezas de un corazón maltrecho y curando las heridas de guerra.