jueves

Sueños de colores


Nos adentramos en su pequeño pequeñísimo mundo como solo dos buenos espías saben hacer. Alex tenía su arma preparada y esperaba mi señal.
- Ya- le susurré.

Giró la esquina, con las manos juntas y apuntando. Pero en aquella calle multicolor no había nadie.
- Venga, Lis, no te entretengas- murmuró, concentrado en la tarea de pisar solo las piedrecitas rojas que componían el camino. Junté las manos y preparé yo también mi arma. Concentrada, lo seguí. Me encantaba aquel lugar, aunque era quizás un poco desconcertante. Se notaba que el propietario no tenía una idea clara de lo que era el color, o más bien, en que sitios iban. Los edificios eran de un verde chillón, que al mirarlos te sonreian tranquilos. Luego, sin darte cuenta, volvían a cerrar los ojos y quedaban serios y rectos. Las flores allí eran negras y cantaban canciones alegres que nadie entendía, pues sus voces eran pequeños gritos melancólicos que llenaban tu corazón. Los caminos se componian de piedras con los colores del arcoiris y las farolas, cuando se encendian, emitian una luz rosa muy bonita. Choqué contra la espalda de Alex y percibí su olor. Vainilla, claro. Allí era aire olía a vainilla y cuando el viento pasaba a tu lado te susurraba con voz cantarina: dulceee, duulce, duulcee. Y lo mejor de todo es que allí no corria el tiempo. El reloj del cielo, ese que se alzaba más allá de las nubes violeta y del que yo solo podía distinguir su figura de oro, tenía al manecillas paradas, pues jamás oímos un solo tic tac.
- Lis, mira.
Me puse de puntillas y miré por encima del hombro de Alex.
Una joven alta y esbelta nos miraba friamente. Y lo más raro es que sus cabellos plateados se movían cuando el viento no corría. Yo por lo menos no oía su susurro juguetón en mi oído.

Me estremecí. Aquella mirada daba mucho miedo. O quizás fuera aquella inquietante calma. Solté mi arma desaciendo las manos y las apoyé en los hombros de Alex, que miraba concentrado y con el ceño fruncido a la nueva. Apuntó, acariciando el gatillo.
- No te muevas.
No se movió.

- ¿Quién eres?

Ariel fue el nombre que no dijo.
- ¿Qué haces?
Miraros fue lo que no respondió.
- ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
- Matando.- fue lo último que oí.

1 comentario:

Violette dijo...

Ya te he dicho,genial.Me encanta lo que escribes^^De ahi al novel un paso xD