martes

A Kath le encanta el olor a Nenuco de Ellyn.

La quiero, es tan simple como eso. Puede pareceros efímero y un sentimiento caprichoso, pero la quiero y no hay más. Hay cosas que no le puedo decir, pero esta sí. La quiero.
Y ahora lo sé, que estamos tumbadas en la alfombra granate, junto a la chimena, completamente desnudas.
Sonrío.
Me he pasado toda la noche mirándola y seguiría así cien años más. La vida me parece corta cuando sé que un día no podré mirarla mientras duerme.
Me gusta esa tez tan pálida que tiene, esa piel tan fina y delicada. Sé, por experiencia, que al mínimo toque más fuerte de lo normal le sale un moratón. Me divierto chinchándola con eso, diciendo que es una pequeña berenjena. Mi pequeña berenjena.
Ya lo sé, os preguntareis donde está la Kath dulce e infantil de siempre. Pero es que ahora mismo tengo que ser madura y tener los pies en la tierra, porque si subo un poco más arriba, allá en el cielo, no la veo y es una vista magnífica la que me perdería.
Timidamente, como todos mis gestos, acaricio su brazo desnudo, dejando resbalar mis dedos hasta su cadera. Sonríe en sueños. Pero que mona. Me pregunto que estará soñando y si es conmigo. Si supiera que cada noche sueño con ella... Tengo la sensación de que cree que sufro por otra cosa, sin darse que es por ella y por nadie más que lloro por las noches.
- Pronto no estaré contigo...- le susurro muy muy bajito.
Me inclino hacia ella y rozo sus labios.
Me encanta el contacto de sus labios. Me hace estremecer, como si una corriente eléctrica pasara por mi espina dorsal.
Mañana, cuando se despierte, le diré lo muchisimo que la quiero. Se lo repetiré una y otra vez hasta que sea la única palabra que quepa en su vocabulario. Se lo diré hasta que se canse y me grite diciendome pensada. Hasta que aparezca un caminón amarillo en la carreta. Cosa que es un poco difícil, ya que estamos en ninguna parte, en medio de una gran montaña, perdidas entre árboles y ardillas.
No me importa, no obstante. La tengo conmigo y es lo que importa ¿verdad?
Acaricio su pelo. Dios, os parecerá infatil, pero adoro su pelo. Es tan... suave, tan ella. Y su olor... Me encanta como huele. A diferencia de mí, tiene un olor infantil que me recuerda a Nenuco.
En definitiva, que me encanta ella y todo lo que venga en el pack regalo.
Abre los ojos mientras pienso cosas malas que hacerle. Me sonrie.
"Ay, madre, que me derrito", pienso.
- Buenos días, princesa.
- Es por la noche todavía, Ellyn.- rio.
Me acurruro junto a ella y alarga un brazo, pasándolo por mi cintura, para estrecharme más contra ella.
Me sonrojo. Sé que estoy como un tomate. Y es que vosotros no sabeis que es notar cada célula del cuerpo de Ellyn. ¿Mágico? ¿Maravilloso? ¿Genial? Demasiado poco, le queda chico.
- ¿Que te pasa?
- N-aada...
Reimos, ella más fuerte que yo. Porque vereis, no puedo dejar de pensar que sus cuervas por fin se ajustado a las mias y tengo ganas de... Bueno, de repetir lo de esta noche.
Repentinamente, se gira sobre si misma y se pone encima mío.
- Mucho mejor.
Odio esa sonrisa que pone. Tan pícara, tan suya. Me hace quedarme embobada y lo odio, sobretodo cuando estoy lo suficientemente cuerda -lo que ocurre pocas veces- para poder dejar de decir tonterías.
Me besa y siento como cada uno de mis músculos se tensan, pero están relajados. Bueno, que yo me entiendo.
- Kath, ¿estás bien?- me pregunta.
Odio esos bonitos ojos. Ay madre, si sigo así seguro que lo odio todo de ella.
- Si si, pero sigue.
Se pega un poco más a mí, acercando sus labios a mi oído. Me alegro que lo haya hecho, así no ve el rubor de mis mejillas.
- Eres una pervertida.
Y me besa. Jamás de los jamases olvidaré ese beso.













The End =)

1 comentario:

Violette dijo...

^^No te voy a comentar nada en el blog porque ya lo hare por telefono cuando tengamos tiempo suficiente para hablar^^


Te quiero mucho,de verdad^^Y eso no va a cambiar por muchas Cristinas que pasen por aqui^^