domingo


Me llamo Viola. La primera vez que escucharon mi nombre en el colegio nadie se rió. En cambio hubo un largo silencio, uno de los más largos de vida y uno de los más importantes, que quedaría grabado a fuego en mi memoria para salir en alguna que otra pesadilla de vez en cuando.
Si preguntas que fue de mí en aquellos años mis recuerdos por fin se tornan borrosos a fuerza de insistir, porque si en aquel entonces pensaba que los niños eran crueles era porque no sabía ni la mitad de lo que me condena ahora, porque era pequeña y eso ya me parecía lo suficientemente atroz como para plantearme que realmente son mounstruos, y las burlas no más que pequeños golpes, nada comparado con lo que habría después.
Recuerdo sin embargo que mucho más amargas eran las miradas de los profesores, que ciegos, mudos y evidentemente sordos, se limitaban a apartarme como si no se creyesen del todo que no lo estaba ya, y no dejaban de repetirme que mi nombre era muy bonito y yo una chica muy guapa, que no pasaba nada cuando sí que lo hacía, y todas esas veces me pregunté de que árbol se habrían caído estos adultos, que ya ni excusa tenían de puro tonto.
Yo no lloraba, nunca, pero todos ellos insistían en tenderme un pañuelo de papel que yo mojaba con saliva, porque entonces no se callaban, Viola, puedes llorar, cariño, yo voy a castigarles y vuelvo enseguida. Pero mi cara seguía exactamente igual y el pañuelo en la mesa, ahí, tieso, y sus comisuras dibujaban un mohín tan seco y tan feo, que por fin opté por engañarles.
Me ocupé de que los libros fueran mi vida, de no llamar la atención ni meterme en peleas. Estar sola siempre era preferible y aun así no describo esos años como tristes, simplemente veo un gris opaco cuando consigo rememorarlos un poquito, cuando me salgo de la fina franja que separa esos años de los últimos, de Cristina, que llegó para salvarme como si desde entonces hubiera estado sedienta y no me hubiera dado cuenta hasta que apareció, y comenzó a llover y tuve que sonreirle al cielo porque en el desierto nunca había habido agua hasta ella. 

(cada domingo, si os gusta, Viola volverá ^^)

4 comentarios:

Gustavo Aguilar Alterno Espiraaaal dijo...

bueno aqui andamos Viola, un lindisimo nombre =D

Juan Antonio dijo...

Me has conmovido.

Jace Lovecraft dijo...

Recuerdo a Viola como si fuese ayer. Me alegro de volver a verla (:


PD: Me encanta el diseño de tu blog!

J.

Yeamon Kemp dijo...

Adultos tontos y una niña con nombre melodioso. Pobre Viola.